Capítulo
seis:
Mario
se sienta en el suelo frente a la tumba.
-Buenas
noches, hermano.
Se
ha colado en el cementerio saltando la valla de atrás.
Tenía
ganas de verle.
Tenía
ganas de hablar con él.
Su
mejor amigo está ahí, al otro lado de la losa.
Se
mueve un poco de viento.
Saca
la guitarra de la funda, y primero con miedo, luego confiando, comienza a tocar
los primeros acordes de la canción que le escribió.
Te
fuiste sin despedirte,
Con
la maleta llena de ilusión,
Eh,
Mario, me dijiste,
He
encontrado el amor.
Te
fuiste sin preguntas
Cogido
de la mano de ella,
Un
viaje a la otra punta
Sentías
que la vida era bella.
Creíste
que volverías,
Una
aventura más,
Cómo
ibas a saber que morirías
Sin ti, bro, yo ya no puedo
continuar.
Y ahora aparecen las grietas
Y
todo lo que rompiste de ella
Aparece
Maia,
Me
llamó aquella misma mañana.
Llorando
me gritaba que ya no estabas,
Me
pedía ayuda desesperada,
Eres
su amigo tienes que ayudarme
Me
decía,
Ella
no lo sabía,
Pero
contigo la palabra amigo
Se
quedaba pequeña.
Días
después de tu muerte,
Sentía
una voz
Que
día y noche me decía
Bro,
tienes que ser fuerte.
Maldita
mi suerte por perderte,
Por
no verte más.
Ahora
que no estás,
Déjame
prometértelo,
A
ella voy a cuidar.
Mario
termina de cantar la canción.
Aator
sabía de música. La mejor manera de hablar con él ahora es componer, tocar y
cantar.
Espera
que haya entendido el mensaje de los últimos versos.
Mario
recuerda perfectamente la llamada, a las siete y dieciséis de la mañana.
-¿Sí?
-Soy… Soy la novia de Aator.
Estoy en el hospital con él… ¿Tienes idea de cómo localizar a sus padres?
-¿Cómo está? ¿En qué hospital
estáis? ¿Qué coño ha pasado?
-Un accidente… Un accidente de
tráfico. Necesito localizar a sus padres.
-¿Cómo está?
Maia calla al otro lado de la
línea.
Su llanto agudo araña el alma de
Mario.
Ella no puede decir nada más.
Traga saliva y miles de lágrimas,
e intenta decir que él no está. Pero no le sale nada.
No está.
Sus labios se mueven pero no
emite sonido.
Mario comprende.
-Dime dónde estás… Iré lo antes
posible.
Traga saliva de nuevo.
-¿Dónde están sus padres? Los
necesito a ellos.
-Haber, Maia. Sus padres están
muertos.
Quiere
hablarle.
Quiere
volver a verla.
Ahora
que se ha atrevido a contárselo a Aator, quiere ir a por ella.
Maia
lee el mensaje y sonríe.
Mario
es una de las pocas cosas que le hacen sonreír.
Y
es que les une la pérdida de Aator, y nadie podrá entenderla como él.
¿Nos vemos en Sol ésta noche? Me
apetece sacarte a bailar.
Claro
que le apetece, y más con él.
Pero
no está de ánimos, y no quiere volver a salir de fiesta.
¿Alguna otra opción más
tranquilita?
Mario
sonríe también al enviar el mensaje.
Cine.
Ella
acepta.
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