Capítulo
diez:
Para muchos no habría
pasado nada en ése cine si no se han metido mano con la tía en cuestión. Para
Mario, haber rozado la mano de Maia supone un mundo.
Él no es virgen, y ha
besado a más chicas de las que recuerda, pero con Maia todo es distinto, todo
es por primera vez.
Él la mira. La
película terminó hace rato.
-¿Dónde vamos ahora?-
Le pregunta frente a las puertas del cine.
-¿Qué te parece si a
ésa pizzería? Tengo hambre.
Joaquín se sobresalta
cuando empieza a sonar su teléfono en el bolsillo de su pantalón.
Responde rápidamente.
-¿Dónde estás?- Le
pregunta la chica al otro lado de la línea.
-¿Dónde estás tú? Yo
ya he llegado a Montera.
-¿Traes lo que te
pedí?
El chico se asegura de
que no haya nadie cerca antes de responderle:
-Sí, ¿y tú los
trescientos pavos?
-Claro. Pero esto tiene que ser rápido, no
quiero que nos vea nadie.
-¿De verdad que es
para tu padre?
-Ya te lo he dicho; mi
padre es un amante de las armas y la caza. Un coleccionista.
-No quiero tener
ningún problema por venderte esto.
-Ni lo vas a tener.
Estate tranquilo. Mira, ya te veo.
La chica cuelga la
llamada y se acerca a él.
Eme llega a la casa de
Cris en su moto y ella la está esperando sentada en el portal.
La chica saluda feliz
a Eme con un beso tímido en los labios y se monta detrás de ella.
Y juntas se pierden
por Madrid.
No hubo bar que no visitaran aquella noche, no
hubo copa que no se tomasen, y Cris no volvió a casa. No fue la única. Pero eso
lo sabréis más tarde.
Ainara está en su habitación
con el portátil.
Ésta noche no tiene pensado
salir.
Tampoco tiene ganas.
Con todo lo de Marcos…
Y eso que ocurrió hace un mes.
Pero sigue presente.
Pone la canción Si llueve en Sevilla de Andrés Suárez y su móvil suena, con un mensaje
de Omar.
Fui a una torre que brillaba y vi,
Cómo nos temblaba el cielo,
Fue como lo cuento, fue así
Olvidé que había concierto.
La chica suspira cuando
termina de leerlo: Mi madre me ha dicho que
viniste a verme cuando estaba en el hospital. ¿Y eso?
Ya no sabe si quiere la
información que antes sí que quería.
La clave está en olvidar
a Marcos, pero ella quería saber por qué ellos dos se llevaban tan mal.
Fuimos
en pasado a un tablao flamenco,
Y pude ver
el cielo desde abajo.
Y
con la voz del artista al que acaba de escuchar por primera vez de fondo, le responde
a Omar que sí, que quiere verle. Él le propone que queden. Y no tienen idea de nada.
Martina
habla con su hermana por teléfono.
La
llamada a Francia le va a costar un pastizal.
Son
casi las diez y media de la noche del sábado.
Mañana
su vida cambiará para siempre.
Dejará
España y se irá con Alissa y no volverá.
-De verdad, no entiendo el puntazo que te ha dado
de volverte a Francia de un día para el otro.- Comenta Alissa al otro lado de
la línea en un perfecto francés.
-Lo
que yo no entiendo es que finjas ser francesa y te cambies el nombre y hasta la
nacionalidad. Además, ¿hay algún problema en que me quede? Si quieres puedo buscarme
otro lugar donde vivir.
-No seas idiota, Martina. Ahora no puedo hablar,
te llamo luego.
-¿Luego?
¿Cuándo?
Alissa corta la llamada.
-¿Quién era?- Le pregunta Abel en cuanto se
guarda el móvil en el bolsillo.
Alissa
le sonríe y niega con la cabeza.
-Una antigua amiga.
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