martes, 30 de junio de 2015

Capítulo catorce:

Capítulo catorce:
                      
Eme y Cris ahora están en uno de los bares de las calles de abajo.
Suena un tema antiguo de El canto del loco.
Volverá.
-¿Cuál quieres, ángel?- Le pregunta Eme, señalando la pared que sirve como enorme carta de chupitos.
Cris la examina, y a los segundos responde, asombrada:
-¿Enserio cada chupito es el título de una canción?
-Eso es lo que más me gusta. Es como si te diesen a elegir entre los chupitos por tu estado emocional de ésa noche.
-Mira, La promesa sí que la conozco. A Judith le dio durante semanas por escucharla.
-La promesa es una buena opción.- Sonríe Eme, y le pide al camarero dos.
Cuando él les sirve, y ella le paga, le pide a Cris que le prometa algo.
-Eh, ¡no te lo bebas todavía! Quiero proponerte una cosa.
-¿Qué?
-Como el chupito se llama La promesa quiero que me prometas algo, antes de bebérnoslo, ángel. Quiero que me prometas que nunca… que nunca me abandonarás.
Cris suspira.
Con el cáncer, difícil prometerle eso.
-Yo… Te prometo que no te abandonaré en éstos meses que me quedan si tú me prometes algo a mí.
-¿El qué, reina?
-Prométeme que cuando me haya ido, me olvidarás. No sufrirás. No llorarás más de lo establecido.
Eme la toma de una mano.
Y se lo promete.
Piensa Tú no me abandones a mí en ésta lucha en la que estamos juntas, que cuando tú no puedas más, ya lucharé yo por las dos.
Mira a Cris y piensa Te voy a querer siempre.
Y la canción acaba, y se beben ése chupito.

Omar marca el número de Marta.
Si no puede conseguir las respuestas que necesita por Judith, lo hará preguntándole a Marta.
Pero ella no responde.
Ainara niega con la cabeza, sentada en el banco a su lado.
A los pocos segundos, recibe un mensaje.
No puedo hablar, mis padres están durmiendo. ¿Nos vemos?
La chica lee el mensaje.
-¿Quieres que te acompañe?
En cuanto Ainara lo pregunta, suena su teléfono.
Y ése astro al que lleva un mes esquivando colisiona de nuevo en su corazón.

Nico lo ha encontrado.
Camina solo a unos metros por delante.
Sabía que Marcos cogía ése camino para llegar a su casa.

Marcos se cuestiona si llamar o no a Ainara.
Ha discutido con su chica por lo de la pizzería y cree que lo han dejado, porque ella después de pegarle cuatro gritos, ha llamado a un taxi y se ha ido.
Con ella sí que le iba bien, y por una pelea todo se rompió.

Genial, va a pasar por el parque. A ésta hora no habrá nadie.
Nico lo sigue, se cuestiona si coger una piedra y sonríe.
Lleva la navaja cerrada en el elástico de los calzoncillos.
No necesita una piedra.
Además, ésta vez le va a ir de frente.

Marcos pulsa la tecla de llamar un segundo antes de que alguien le grite:
-Eh, Marcos, marica.
Se gira, y escucha a Ainara responder.
Se ha apartado el móvil de la oreja.
Nico.
-Vamos, ¿qué pasa? ¿Te sorprende?
Se ríe como si fuera el diablo.
-Hace tiempo que quiero partirme la boca contigo. ¿Qué te parece aquí y ahora?
Nico no le da tiempo a que responda, le da un empujón en el pecho y le coloca el calzo por detrás, derribándolo.
El móvil de Marcos sale disparado.
Él le pone el pie en el pecho y aprieta.
-Vamos, maricón, ¿esto es todo lo que sabes hacer?
Él le quita el pie de encima y se aparta sin dejar de mirarlo, dejando que se levante.
-Marcos, ¿dónde estás?- Le pregunta alarmada Ainara que lo está escuchando todo.
Marcos se levanta y le va a dar un puñetazo.
Nico es más rápido y se lo da a él en la barriga, dejándolo sin aire.
Nico agarra a Marcos de la cara y se ríe a carcajadas.
-Maricón.
Y le da un puñetazo en la cara.
Marcos está otra vez en el suelo.
Y ésta vez no se lo piensa.
Se saca la navaja, la abre y se la coloca en la manga.
Marcos casi ni respira.
Los golpes en el pecho, el puñetazo en la barriga y la nariz que le sangra. Le duele todo.
Nico coge el móvil.
Le dice dónde ir sola si quiere volver a ver entero a Marcos.

jueves, 25 de junio de 2015

Capítulo trece:

Capítulo trece:
                      
La cita que tan bien iba se ha arruinado para Maia.
Ahora no deja de pensar en Marcos y en lo que sucedió.
-Menudo zorrón al que se ha arrimado Marcos.- Ahora están fuera de la pizzería, caminan a casa de ella. Maia ha puesto la excusa de que no la dejan quedarse hasta más tarde.
-A mí me ha parecido una tía bastante peculiar.- Le responde Mario, riéndose.
-Me da pena por él.
-Anda, cariño, hablemos de otra cosa. Que son los últimos minutos que voy a estar contigo.
Él, como si nada, la coge de la mano.
Él, como si todo, sostiene su mano.
Y quizás el mundo se paraliza.
Maia se queda pensativa.
La ha llamado cariño y ha sido… increíble.
Debería de contarle la verdad, aunque solo sea a él.
Debería de volver a entregarse a alguien, aunque solo sea a él.
Respeta que le ha pedido que hablen de algo que no sea Marcos, pero luego se lo contará.
-Es una noche preciosa.- Comenta ella, mirando el cielo, cogida de su mano por Gran Vía.
-Sí, es una pena que te tengas que recoger tan pronto.
-En realidad me apetece quedarme contigo.
Y es verdad, pero ya es tarde. Ya le había dicho que sus padres quieren que vuelva pronto.

Omar está llamando a Judith.
Ella descuelga a toda prisa.
-¿Sí?
-Necesito verte.
-¿Qué?
-Que sí, que necesito verte. Estoy… Estoy aquí con Ainara. Y de pronto he recordado algo. Necesito que me cuentes en persona qué pasó, para ver si es exactamente lo que yo recuerdo. Entonces te creeré.
Joaquín la está esperando abajo.
-Pero es que ahora mismo no puede ser, Omar.
-Entonces respóndeme. ¿Qué pasó la noche en la que me quedé en coma?
-Omar, ahora mismo no puedo hablar.
-¿Por qué no?
-Pues porque a mí también me está esperando mi novio.

El chico suspira aliviado por lo que Mónica le está contando.
Ha perdido el bebé.
Nico se alegra de escucharlo.
Están sentados en un banco de Gran Vía.
-¿Entonces… qué?
-¿Qué de qué?- Le pregunta ella.
-¿Me estás diciendo esto de verdad?
-Claro que sí, Nico. No voy a mentirte en algo tan serio.
-Pues me alegro.
-¿Qué?
-¿Qué quieres que te diga? Me alegro mucho, Mónica. Ahora ya no hay nada que nos una.
Y se levanta del banco, y se va para siempre de las vidas de todos.
O quizás no.
Porque vuelven a retumbar las palabras en sus oídos cuando se aleja por aquel callejón.

-No le veo ningún sentido a tu plan.- Le dice él, cuando termina de interrogar a Marta.
-¿Por qué no se lo ves? Cuéntame.- Le responde ella, con indiferencia.
-¿Qué sentido le ves a matar a una chica para obtener una cuenta de cotilleos del instituto? Tienes dinero, has conseguido hackear la cuenta, ¿y aún así quieres matarla?
-Eres un idiota y no lo ves. Y no hay más que hablar.
-Y tú ni siquiera te paras a explicármelo. Quieres que sea tu perrito faldero, llevo tiempo ayudándote en esto. Y ni siquiera me explicas por qué lo haces.
-Está bien, está bien. Ésa tía te puteó. Puteó a todos como quiso, y estableció una nueva norma aquí: Somos libres de manejar las vidas de los demás a nuestro antojo. Yo ahora sólo pido un poquito de… Venganza. O justicia más bien.
-Estás pirada.

A lo lejos Cris y Eme se comen a besos como si su amor estuviese a punto de agotarse.
Y es cierto, porque en ése último beso bajo el cielo estrellado de Madrid, Cris lo pronuncia:
Te amo.
 Y parece que alivia el alma de las dos.
Cris en éste mes no se lo había dicho ni una vez.
Parece que el final se acerca.

En otro lugar, Ainara está confundida por lo que Omar le cuenta.
Sabía que Judith se había echado otro novio, pero sinceramente esperaba que corriese a los brazos de Omar.
-¿Qué vas a hacer si eso que recuerdas es cierto?
-¿Cómo que qué voy a hacer?
-Con Marta.
-Primero tendré que preguntarle que por qué me ha mentido. Porque qué pasa si es Monicuernos queriendo hacerla parecer la mala. ¿Y si mis recuerdos ni siquiera son de ése día?
-Es imposible que sean de otro día. Judith y tú nunca habíais hablado antes, ¿no?
-Eso es lo que a mí me parece, Ainara. Tengo la sensación de haberla querido muchísimo, y de habérmelo callado durante muchísimo tiempo, ¿pero por qué me lo callé?
-Eso tendrás que averiguarlo tú.
-¿Qué se te ocurre a ti, genio?
Ella le da un codazo.
Él se ríe.
Ella también.

-Quién sabe, quizás ahora estemos más cerca de la verdad, o quizás estemos aún más perdidos cada vez.

lunes, 22 de junio de 2015

Capítulo doce:

Capítulo doce:
                      
Alba quema la foto en su terraza.
La perfecta de Judith.
Se las va a pagar.
Con la llama de la primera foto de la chica enciende la segunda.
En esta se ve a Judith posando de cuerpo entero. Con la mano rozando su cadera.
Ése cuerpo tan bonito que ella un día quiso quebrar se funde con el fuego.
Las cenizas y las lágrimas de los ojos de Alba se las lleva el viento de la noche de Madrid, que no ha hecho nada más que empezar.

-Ahora me toca jugar a mí.- Se ríe la chica, despertando a Marta.
La chica ahora está tumbada en ropa interior sobre una mesa metálica con cada una de sus articulaciones bien atadas a cada una de las esquinas.
A Marta le parece reconocer su voz, pero no está segura.
Y menos aún lo está cuando la enmascarada le muestra la urna con la araña dentro.
-¿Enserio la vas a torturar también con la viuda negra?- Pregunta el chico.
El nombre de la especie nada más ya acojona.
-¡NO! ¡NO! ¡NOOOOOOOOO!- Grita desesperada Marta, intentando soltarse en vano.
La chica mete la mano enguantada y coge la araña.
-¡Sí, soy Monicuernos! ¡Soy Monicuernooooos!- Patalea llorando Marta.
La chica no dice nada.
Deja la araña donde estaba y sale con el chico de la habitación.

Fuera, lejos de que Marta los escuche, la chica se quita la máscara.
-Sabía que era ella desde el principio. Es una zorra retorcida.
-Y dura de pelar.- Comenta el chico.
-Buah, tampoco tanto. Le pones una arañita de nada y mira. Imagínate cuando estemos a punto de volarle los sesos. Soltará todo lo que queremos saber.
-Cuando tú estés a punto de volarle los sesos, no me incluyas a mí. Además, ni siquiera tienes un arma.
-Anda e interrógala, por favor. Lo quiero todo. Los motivos por los que se hizo la cuenta, todo. Después si quieres puedes irte. Para siempre.
-¿Ésta es tu manera de romper conmigo?
-No, ésta es mi forma de alejarte. Esto va a ir muy lejos y cuando lo descubran, acabaré encerrada. No quiero verte sufrir.

-¿Dónde vamos?- Le pregunta Cris.
Se bajaron de la moto hace rato, y ahora caminan las dos de la mano por unas inclinadas calles de Madrid en las que Cris nunca antes había estado.
-Quiero enseñarte mi lugar favorito de todo Madrid.
Cris sube el siguiente escalón de la calle y se asombra al leer la pintada bajo sus pies.
Me dijiste piérdete por mis calles y tu nombre no era Madrid…
Camina unos metros más y lee la siguiente pintada sobre el escalón.
Querías que fuese vagabundo de tus curvas y hoy soy náufrago de tus labios.
El siguiente le saca una sonrisa, y comienza a comprender verdaderamente que Eme ha escrito eso para ella.
Caíste a mi lado de ahí arriba como si fueras un ángel…
Y al siguiente:
Y hoy quiero enseñarte el cielo al que me llevas en cada beso.
Y muchos más escalones, que terminan de relatar:
Desde el día en que te vi vivo un amor prohibido.
Desde el día en que te vi vivo un amor.
Un amor contigo.
Para siempre.
Por siempre.
Eterno.
Que se queden tus besos atascados siempre en las calles de las venas de la avenida de mi alma.
Nunca se borrarán de mí tus caricias, amor.
Te amo.
Y te amaré siempre.
El lugar al que llegan es increíble. Un enorme acantilado parte Madrid en dos.
Se ve la ciudad a lo lejos.
Y una estrella cae más lejos aún.
Un pájaro se pierde en la oscuridad.
Y Eme mira a Cris.
Y Cris no puede contener la sonrisa.
Y menos aún cuando lee lo último que hay escrito a sus pies.
Posdata: Éste es solo el lugar que me gusta visitar para pensar en ti, ángel. Nunca éstas vistas podrán compararse con lo que es verte sonreír a ti, mi vida.


-No puedo creer que Marta te haya contado eso. Yo… Omar, llevo aquí apenas un mes, y bueno, no sé antes. Pero Marta y tú erais amigos. Buenos amigos, eso es todo.
Parece que las piezas terminan de encajar en la mente de Omar, pero aún le queda demasiado por saber. Y en el momento en el que encajan vuelven a soltarse. Ahora sí que está hecho un lío.
-Además, Judith no puede querer hacerte daño. Ella es buena persona. De Marta quizás me lo creería, ¿pero ella?
-¿Y por qué mi madre está empeñada en que la evite?  
-Los días antes de que tú entrases en coma, todos, incluido tú fuimos víctima de los juegos de una cuenta de Twitter que manipulaba y controlaba  todos nuestros secretos. Quizás esa persona habló también con tu madre.
Ainara pestañea terminando de entender todo.
-¡Qué brillante! Ésa tía está enamorada de ti, y ha hecho lo posible y lo imposible por separarte de Judith. La ha puesto como la mala delante de tu madre para poder quedarse contigo. ¡Claro! Por eso no recuerdas lo que ella te cuenta.
Omar se está enfadando.
-Ya, claro, Ainara. Ahora eres detective, ¿no? ¿Y qué pasa si la mala aquí es Judith?
-Que te digo yo que no, mira, parece que necesitas ver una foto de ella para darte cuenta.
Ainara busca en la galería de su teléfono la foto que Monicuernos colgó de Judith dibujando a Omar.
Él mira la foto, mira a Judith durante unos segundos.
Había olvidado sus manos.
Había olvidado sus labios.
El beso.

Y lo recuerda.

domingo, 21 de junio de 2015

Capítulo once: *Editado

Capítulo once:
                      
Joaquín ha conseguido la pasta vendiendo ésa vieja pistola robada.
La consiguió hace meses, cuando sus colegas y él se colaron de casualidad en la casa de un agente a las afueras de Madrid.
Y ahora que ha conseguido una compradora no ha dudado en deshacerse de ella.
Toca al telefonillo de la casa de Judith.
-¿Quién?- Responde su madre al otro lado.
Él suspira aliviado de que al menos no sea su padre.
-Perdone las horas… ¿está Judith?
-No te preocupes, hijo, estábamos acabando de cenar. Sí, espera, te la paso.
A los pocos segundos su chica le responde:
-¿Sí?
-Judith, soy yo. Joaquín. ¿Puedes… Puedes bajar un segundo?
La chica traga saliva al otro lado del telefonillo
-Sí. Te abro. Espérame dentro, no estés pasando frío. Bajo en cuanto termine de cenar.

-¿Por qué no dejas de mirarla a ella y me miras a mí?- Le pregunta Tania, devolviendo a Marcos a la realidad.
Él apenas ha comido, mientras que ella ya casi ha terminado de cenar.
No le ha prestado atención a lo que le había dicho antes, y todo por ver a Maia.
Entró en la pizzería hace rato, y él, además de estar inquieto, ha sentido el estómago cerrado.
Y no puede terminarse su porción, mientras que Tania ya va por la segunda.
Él niega con la cabeza.
-Lo siento, nena. Tenía la mente en blanco.
-Marcos, a mí no me engañas. ¿Quién es?
Él hace una mueca de disgusto.
-Nadie.
-Nadie, ¿verdad?
-Sí, es lo que te estoy diciendo, nadie.
Tania asiente con la cabeza y se levanta de la mesa, acercándose a la de Maia y Mario.
Ocupa la silla libre entre los dos.
-¿Tu nombre?- Le pregunta Tania.
-No, eso es lo que te tendría que preguntar yo a ti que te sientas con nosotros.
-Pues mira, sí. Mi chico, ése de ahí, no para de mirarte como si te conociera. ¿Tú lo conoces?
Maia mira asombrada a donde Tania le indica, y cuando ve a Marcos, aparta la mirada.
-¿Qué? ¿Eres su ex o algo así?- Le insiste Tania.
-Es… El exnovio de mi hermana.
-Gracias, bonita.
Tania se levanta y vuelve a su mesa.
Marcos la mira avergonzado.
-Tu exnovia. Así que es alguien.- Le comenta Tania, dándose por satisfecha.
El chico agacha la cabeza.
Por dentro se le revoluciona todo, dejándose llevar por los recuerdos de lo que pasó.
Él ya conocía a Tania, aunque no estaban tan así.
Ella tampoco era tan controladora.
Las cosas eran diferentes al principio.
Él se siente culpable, porque quizás es a él a quien le parece que Tania le pregunta tanto, e investiga siempre tanto pero en realidad es por lo que oculta.
Por lo que ocultan ésas dos miradas que se cruzan en la pizzería.

Eran las dos de la madrugada del siguiente sábado al accidente que se cobró la vida de Aator.
Él la llamó diciendo que quería hablar con ella de Ainara, pidiendo alguien que le supiera escuchar.
Cuando se vieron, ella le abrazó, y el abrazo fue mutuo, curó un poco los dos corazones rotos de Maia y Marcos.
Fueron a un parque cerca de la casa, y aunque Maia ya había dejado de salir, quería ayudar a su hermana y también a Marcos.
Lloraron juntos en aquel banco. Y un abrazo dio paso a otro. Y estos a su vez a un par de caricias. Se besaron, y sin ni siquiera planearlo, ése beso fue el secreto que los alejó.

Ainara y Omar se ven en ése mismo parque ahora.
Se saludan primero con dos besos y luego la chica se lanza y le da un abrazo.
-¿Vamos a ése banco?- Le propone Omar, y la chica asiente.
Una vez sentados, él la mira a ella directamente a los ojos y saca el tema:
-Y bien, ¿de qué querías hablar?
Ella responde al instante.
-Cuando fui a verte quería saber… Yo estaba con Marcos, y bueno, quería saber… ¿por qué os lleváis tan mal?
Él aparta la mirada de ella.
Niega con la cabeza.
-Y bien, ¿me lo vas a contar?
-No creo que debas de fiarte de lo que yo recuerde o no. En teoría he olvidado bastantes cosas sobre antes del coma.
-Marcos y yo ya no estamos juntos, no voy a hablar con él si es eso lo que te preocupa.
Él niega con la cabeza.
-Claro que no… No es eso. Es solo que… A veces me cuesta recordar a Marta, y eso que es mi novia. A veces por las cosas que ella y mi madre me cuentan que hicimos puedo completar mis recuerdos. Por eso no quiero que te fíes de mi memoria.
Ainara se ríe.
Él la mira interrogante.
Ainara no puede parar de reír.

-¿Marta? ¡Judith dirás!

sábado, 20 de junio de 2015

Capítulo diez: *Editado

Capítulo diez:
                 
Para muchos no habría pasado nada en ése cine si no se han metido mano con la tía en cuestión. Para Mario, haber rozado la mano de Maia supone un mundo.
Él no es virgen, y ha besado a más chicas de las que recuerda, pero con Maia todo es distinto, todo es por primera vez.
Él la mira. La película terminó hace rato.
-¿Dónde vamos ahora?- Le pregunta frente a las puertas del cine.
-¿Qué te parece si a ésa pizzería? Tengo hambre.

Joaquín se sobresalta cuando empieza a sonar su teléfono en el bolsillo de su pantalón.
Responde rápidamente.
-¿Dónde estás?- Le pregunta la chica al otro lado de la línea.
-¿Dónde estás tú? Yo ya he llegado a Montera.
-¿Traes lo que te pedí?
El chico se asegura de que no haya nadie cerca antes de responderle:
-Sí, ¿y tú los trescientos pavos?
 -Claro. Pero esto tiene que ser rápido, no quiero que nos vea nadie.
-¿De verdad que es para tu padre?
-Ya te lo he dicho; mi padre es un amante de las armas y la caza. Un coleccionista.
-No quiero tener ningún problema por venderte esto.
-Ni lo vas a tener. Estate tranquilo. Mira, ya te veo.
La chica cuelga la llamada y se acerca a él.

Eme llega a la casa de Cris en su moto y ella la está esperando sentada en el portal.
La chica saluda feliz a Eme con un beso tímido en los labios y se monta detrás de ella.
Y juntas se pierden por Madrid.
 No hubo bar que no visitaran aquella noche, no hubo copa que no se tomasen, y Cris no volvió a casa. No fue la única. Pero eso lo sabréis más tarde.

Ainara está en su habitación con el portátil.
Ésta noche no tiene pensado salir.
Tampoco tiene ganas.
Con todo lo de Marcos… Y eso que ocurrió hace un mes.
Pero sigue presente.
Pone la canción Si llueve en Sevilla de Andrés Suárez y su móvil suena, con un mensaje de Omar.

                                    Fui a una torre que brillaba y vi,
                                    Cómo nos temblaba el cielo,
                                    Fue como lo cuento, fue así
                                    Olvidé que había concierto.

La chica suspira cuando termina de leerlo: Mi madre me ha dicho que viniste a verme cuando estaba en el hospital. ¿Y eso?
Ya no sabe si quiere la información que antes sí que quería.
La clave está en olvidar a Marcos, pero ella quería saber por qué ellos dos se llevaban tan mal.

                                    Fuimos en pasado a un tablao flamenco,
                                    Y pude ver el cielo desde abajo.


Y con la voz del artista al que acaba de escuchar por primera vez de fondo, le responde a Omar que sí, que quiere verle. Él le propone que queden. Y no tienen idea de nada.

Martina habla con su hermana por teléfono.
La llamada a Francia le va a costar un pastizal.
Son casi las diez y media de la noche del sábado.
Mañana su vida cambiará para siempre.
Dejará España y se irá con Alissa y no volverá.
-De verdad, no entiendo el puntazo que te ha dado de volverte a Francia de un día para el otro.- Comenta Alissa al otro lado de la línea en un perfecto francés.
-Lo que yo no entiendo es que finjas ser francesa y te cambies el nombre y hasta la nacionalidad. Además, ¿hay algún problema en que me quede? Si quieres puedo buscarme otro lugar donde vivir.
-No seas idiota, Martina. Ahora no puedo hablar, te llamo luego.
-¿Luego? ¿Cuándo?
Alissa corta la llamada.                                                        
-¿Quién era?- Le pregunta Abel en cuanto se guarda el móvil en el bolsillo.
Alissa le sonríe y niega con la cabeza.

-Una antigua amiga.

lunes, 15 de junio de 2015

Capítulo nueve:

Capítulo nueve:
                 
Martina ha estado un rato dando vueltas con el coche. Ha dado tantas que ha llegado a una conclusión; va a coger la vida por los cuernos, y ahora que lo ha perdido todo también es una forma de empezar de cero.
Le ha escrito a Jorge, y ahora él se sube en su coche y le pregunta sonriente:
-¿Dónde vamos?
Martina lo mira directamente a los ojos.
-Necesitaba hablar contigo.
Él ve los ojos hinchados de ella.
Ha estado llorando.
-¿Estás bien?
-No, claro que no, joder. Juan y yo lo hemos dejado, ni siquiera tengo dónde quedarme.
Él le sonríe.
-Pues aparca donde puedas y sube.
Ella se ríe a carcajadas.
-Vamos, Jorge, ¿qué me estás contando?
-¿Entonces por qué has querido verme?
Ella aparca el coche y niega con la cabeza.
-He venido a despedirme.
Él traga saliva.
-¿Qué?
-Eso, que he venido a despedirme. Mañana mismo me estoy yendo a Francia a vivir, con mi hermana.
Él la mira y no lo entiende.
Le pone una mano en la rodilla y se la acaricia.
-No puedes irte.
-No tengo opción, Jorge, que es distinto.
Él se altera.
-¡Te estoy diciendo que te quedes en mi casa, no tienes por qué irte a Francia!
Ella suspira.
-¿No lo entiendes, tío? Me voy, dejo ésta mierda y te dejo a ti atrás. Ésta vez voy a empezar de cero, yo sola. Yo sin ti.
-Pero yo te quiero.
Ahora sí que Martina se ríe.
-¿De qué te ríes?
-De lo payaso que eres. Baja de mi coche. Ya.
Él la mira, niega con la cabeza y hace lo que le pide.

Judith cierra el cuaderno y suspira, dando por terminados los ejercicios de matemáticas.
No ha hecho ni la mitad, y fijo que los que ha hecho están mal.
Son para el lunes, pero quiere tener el domingo libre.
En ésa media hora que ha estado liada, Joaquín la ha llamado cinco veces.
No le ha respondido, y no quiere conectarse, para que no se enfade porque no tiene ganas de responderle, ni de hablar con él.
Las palabras resuenan en el corazón herido de Judith.
Omar es el segundo chico que se lo ha roto. Jorge se lleva el primer puesto.
Y aunque ella ni siquiera siente nada por Jorge, le duele saber que le entregó su virginidad, ¿y para qué?

Gira en la siguiente calle.
-¿Es por aquí?
-No te preocupes, Jorge. No quiero que mi profesor me acompañe a casa después de haber pasado la noche con él.
Él hace una mueca de disgusto.
Para en una plaza libre del aparcamiento por el que están pasando.
La mira.
-¿Quieres una explicación?
Judith asiente.
-Prométeme que no le dirás nada a nadie.
Ella asiente.
-Prométemelo, Judith.
-Que sí, que te lo prometo.
-Ése día, cuando te besé, yo… no sé si me lo notaste, pero había consumido…
-¿Consumido qué?- Judith lo mira atenta.
-Cocaína.
Unos segundos de silencio. Los ojos de Judith se empañan.
-¿Me besaste sólo por cómo ibas?
-No lo sé. Después de eso te empecé a desear, y ahora me doy cuenta de que sólo fue un capricho.
Ella tiembla de ira.
-¿Sólo un capricho?- Le grita.
-Judith, tranquilízate, por favor. La gente se nos queda mirando.
Ella respira hondo, se mira la palma de la mano, y le da una bofetada.
Se baja del coche y se aleja.

Ella abre los ojos con fuerza debajo del agua.
El chico de antes le está metiendo la cabeza con fuerza en un cuenco enorme con agua y ella aprieta para poder salir.
Se empieza a marear cuando él le saca la cabeza de nuevo tirándole del pelo.
-¿Por qué me hacéis esto?- Pregunta Marta, y traga agua porque antes de terminar la frase le sumerge otra vez la cabeza.
Ella sabe bien por qué.
Por estar enamorada de Emily, y separarla de Marcos.
Por ver cómo Mónica le era infiel a Marcos y atacarla.
Por jugar a hacerle daño a Judith estando con Omar.
Vuelve a tomar aire cuando le saca la cabeza.
-¿Vas a contestar ya o te tengo que ahogar, puta?
-Repíteme la pregunta, por fa.
El chico la mira fijamente, suspira y pregunta:
-¿Eres o no eres Monicuernos?

Marta le escupe por segunda vez en la cara.