Capítulo
catorce:
Eme
y Cris ahora están en uno de los bares de las calles de abajo.
Suena
un tema antiguo de El canto del loco.
Volverá.
-¿Cuál
quieres, ángel?- Le pregunta Eme, señalando la pared que sirve como enorme carta
de chupitos.
Cris
la examina, y a los segundos responde, asombrada:
-¿Enserio
cada chupito es el título de una canción?
-Eso
es lo que más me gusta. Es como si te diesen a elegir entre los chupitos por tu
estado emocional de ésa noche.
-Mira,
La promesa sí que la conozco. A Judith
le dio durante semanas por escucharla.
-La promesa es una buena opción.- Sonríe Eme,
y le pide al camarero dos.
Cuando
él les sirve, y ella le paga, le pide a Cris que le prometa algo.
-Eh,
¡no te lo bebas todavía! Quiero proponerte una cosa.
-¿Qué?
-Como
el chupito se llama La promesa quiero
que me prometas algo, antes de bebérnoslo, ángel. Quiero que me prometas que nunca…
que nunca me abandonarás.
Cris
suspira.
Con
el cáncer, difícil prometerle eso.
-Yo…
Te prometo que no te abandonaré en éstos meses que me quedan si tú me prometes algo
a mí.
-¿El
qué, reina?
-Prométeme
que cuando me haya ido, me olvidarás. No sufrirás. No llorarás más de lo establecido.
Eme
la toma de una mano.
Y
se lo promete.
Piensa
Tú no me abandones a mí en ésta lucha en la
que estamos juntas, que cuando tú no puedas más, ya lucharé yo por las dos.
Mira
a Cris y piensa Te voy a querer siempre.
Y
la canción acaba, y se beben ése chupito.
Omar
marca el número de Marta.
Si
no puede conseguir las respuestas que necesita por Judith, lo hará preguntándole
a Marta.
Pero
ella no responde.
Ainara
niega con la cabeza, sentada en el banco a su lado.
A
los pocos segundos, recibe un mensaje.
No puedo hablar, mis padres están
durmiendo. ¿Nos vemos?
La
chica lee el mensaje.
-¿Quieres
que te acompañe?
En
cuanto Ainara lo pregunta, suena su teléfono.
Y
ése astro al que lleva un mes esquivando colisiona de nuevo en su corazón.
Nico
lo ha encontrado.
Camina
solo a unos metros por delante.
Sabía
que Marcos cogía ése camino para llegar a su casa.
Marcos
se cuestiona si llamar o no a Ainara.
Ha
discutido con su chica por lo de la pizzería y cree que lo han dejado, porque ella
después de pegarle cuatro gritos, ha llamado a un taxi y se ha ido.
Con
ella sí que le iba bien, y por una pelea todo se rompió.
Genial, va a pasar por el parque.
A ésta hora no habrá nadie.
Nico
lo sigue, se cuestiona si coger una piedra y sonríe.
Lleva
la navaja cerrada en el elástico de los calzoncillos.
No
necesita una piedra.
Además,
ésta vez le va a ir de frente.
Marcos
pulsa la tecla de llamar un segundo antes de que alguien le grite:
-Eh,
Marcos, marica.
Se
gira, y escucha a Ainara responder.
Se
ha apartado el móvil de la oreja.
Nico.
-Vamos,
¿qué pasa? ¿Te sorprende?
Se
ríe como si fuera el diablo.
-Hace
tiempo que quiero partirme la boca contigo. ¿Qué te parece aquí y ahora?
Nico
no le da tiempo a que responda, le da un empujón en el pecho y le coloca el calzo
por detrás, derribándolo.
El
móvil de Marcos sale disparado.
Él
le pone el pie en el pecho y aprieta.
-Vamos,
maricón, ¿esto es todo lo que sabes hacer?
Él
le quita el pie de encima y se aparta sin dejar de mirarlo, dejando que se levante.
-Marcos,
¿dónde estás?- Le pregunta alarmada Ainara que lo está escuchando todo.
Marcos
se levanta y le va a dar un puñetazo.
Nico
es más rápido y se lo da a él en la barriga, dejándolo sin aire.
Nico
agarra a Marcos de la cara y se ríe a carcajadas.
-Maricón.
Y
le da un puñetazo en la cara.
Marcos
está otra vez en el suelo.
Y
ésta vez no se lo piensa.
Se
saca la navaja, la abre y se la coloca en la manga.
Marcos
casi ni respira.
Los
golpes en el pecho, el puñetazo en la barriga y la nariz que le sangra. Le duele
todo.
Nico
coge el móvil.
Le
dice dónde ir sola si quiere volver a ver entero a Marcos.