Capítulo
trece:
La cita que tan bien iba
se ha arruinado para Maia.
Ahora
no deja de pensar en Marcos y en lo que sucedió.
-Menudo
zorrón al que se ha arrimado Marcos.- Ahora están fuera de la pizzería, caminan
a casa de ella. Maia ha puesto la excusa de que no la dejan quedarse hasta más tarde.
-A
mí me ha parecido una tía bastante peculiar.- Le responde Mario, riéndose.
-Me
da pena por él.
-Anda,
cariño, hablemos de otra cosa. Que son los últimos minutos que voy a estar contigo.
Él,
como si nada, la coge de la mano.
Él,
como si todo, sostiene su mano.
Y
quizás el mundo se paraliza.
Maia
se queda pensativa.
La
ha llamado cariño y ha sido… increíble.
Debería
de contarle la verdad, aunque solo sea a él.
Debería
de volver a entregarse a alguien, aunque solo sea a él.
Respeta
que le ha pedido que hablen de algo que no sea Marcos, pero luego se lo contará.
-Es
una noche preciosa.- Comenta ella, mirando el cielo, cogida de su mano por Gran
Vía.
-Sí,
es una pena que te tengas que recoger tan pronto.
-En
realidad me apetece quedarme contigo.
Y
es verdad, pero ya es tarde. Ya le había dicho que sus padres quieren que vuelva
pronto.
Omar
está llamando a Judith.
Ella
descuelga a toda prisa.
-¿Sí?
-Necesito
verte.
-¿Qué?
-Que
sí, que necesito verte. Estoy… Estoy aquí con Ainara. Y de pronto he recordado algo.
Necesito que me cuentes en persona qué pasó, para ver si es exactamente lo que yo
recuerdo. Entonces te creeré.
Joaquín
la está esperando abajo.
-Pero
es que ahora mismo no puede ser, Omar.
-Entonces
respóndeme. ¿Qué pasó la noche en la que me quedé en coma?
-Omar,
ahora mismo no puedo hablar.
-¿Por
qué no?
-Pues
porque a mí también me está esperando mi novio.
El
chico suspira aliviado por lo que Mónica le está contando.
Ha
perdido el bebé.
Nico
se alegra de escucharlo.
Están
sentados en un banco de Gran Vía.
-¿Entonces…
qué?
-¿Qué
de qué?- Le pregunta ella.
-¿Me
estás diciendo esto de verdad?
-Claro
que sí, Nico. No voy a mentirte en algo tan serio.
-Pues
me alegro.
-¿Qué?
-¿Qué
quieres que te diga? Me alegro mucho, Mónica. Ahora ya no hay nada que nos una.
Y
se levanta del banco, y se va para siempre de las vidas de todos.
O
quizás no.
Porque
vuelven a retumbar las palabras en sus oídos cuando se aleja por aquel callejón.
-No le veo ningún sentido a tu plan.-
Le dice él, cuando termina de interrogar a Marta.
-¿Por qué no se lo ves? Cuéntame.-
Le responde ella, con indiferencia.
-¿Qué sentido le ves a matar a una
chica para obtener una cuenta de cotilleos del instituto? Tienes dinero, has conseguido
hackear la cuenta, ¿y aún así quieres matarla?
-Eres un idiota y no lo ves. Y no
hay más que hablar.
-Y tú ni siquiera te paras a explicármelo.
Quieres que sea tu perrito faldero, llevo tiempo ayudándote en esto. Y ni siquiera
me explicas por qué lo haces.
-Está bien, está bien. Ésa tía te
puteó. Puteó a todos como quiso, y estableció una nueva norma aquí: Somos libres
de manejar las vidas de los demás a nuestro antojo. Yo ahora sólo pido un poquito
de… Venganza. O justicia más bien.
-Estás pirada.
A
lo lejos Cris y Eme se comen a besos como si su amor estuviese a punto de agotarse.
Y
es cierto, porque en ése último beso bajo el cielo estrellado de Madrid, Cris lo
pronuncia:
Te
amo.
Y parece que alivia el alma de las dos.
Cris
en éste mes no se lo había dicho ni una vez.
Parece
que el final se acerca.
En
otro lugar, Ainara está confundida por lo que Omar le cuenta.
Sabía
que Judith se había echado otro novio, pero sinceramente esperaba que corriese a
los brazos de Omar.
-¿Qué
vas a hacer si eso que recuerdas es cierto?
-¿Cómo
que qué voy a hacer?
-Con
Marta.
-Primero
tendré que preguntarle que por qué me ha mentido. Porque qué pasa si es Monicuernos
queriendo hacerla parecer la mala. ¿Y si mis recuerdos ni siquiera son de ése día?
-Es
imposible que sean de otro día. Judith y tú nunca habíais hablado antes, ¿no?
-Eso
es lo que a mí me parece, Ainara. Tengo la sensación de haberla querido muchísimo,
y de habérmelo callado durante muchísimo tiempo, ¿pero por qué me lo callé?
-Eso
tendrás que averiguarlo tú.
-¿Qué
se te ocurre a ti, genio?
Ella
le da un codazo.
Él
se ríe.
Ella
también.
-Quién
sabe, quizás ahora estemos más cerca de la verdad, o quizás estemos aún más perdidos
cada vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario