Capítulo
dieciséis:
Alexia
las ve más tarde.
Después
de tanto tiempo, las dos siguen juntas.
Y
después de tanto tiempo ve también a Eme mucho más guapa que Cris.
La
chica sigue su camino hacia el baño de la discoteca.
Eme
se aburrió un poco del ambiente de ése bar, y Cris igual, y dos copas y ése
chupito más tarde, Cris va bastante alegre.
Eme
está más acostumbrada a beber.
Las
chicas bailan bachata, Promise, de
Romeo Santos.
Y
lo hacen bastante bien, sobretodo Cris que ya no tiene vergüenza.
Yo
tan joven padezco del corazón,
Y
por tu amor sufriría mil años
Y
con mucho honor.
Y
Eme ve preciosa a Cris y cogida de su mano la atrae con la otra por la cintura
y la besa.
Lidia
y Mónica también están en la misma discoteca, en el centro de la pista.
El
chico de antes también está.
Y
Romeo Santos está que acaba.
Las
dos amigas dejan de bailar y se van a la barra entre la gente.
Cuando
llegan, se piden un malibú con piña
para cada una.
Le
entregan a la camarera el papel de la consumición gratis, y Mónica le da el
primer sorbo.
Si
siguiera embarazada no podría beber.
El
chico se acerca por detrás de Lidia y le pide un baile.
Lidia
lo acepta.
Y los dos bailan otra bachata.
Y los dos bailan otra bachata.
Ainara, papá y mamá están
preocupados, ¿dónde estás?
Ainara
recibe el mensaje de Maia y no le responde.
Mejor
que no sepan que está metiéndose en la boca del lobo.
Está
llegando sola al parque donde Marcos y Nico se han peleado. No hay ni un alma.
Cuando
está terminando de cruzar el parque, escucha a Marcos a su espalda.
Se
gira.
-Suéltame,
hijo de puta.
Omar
se sorprende cuando llega y a quien encuentra no es a Marta.
Alba
lo mira alarmada.
-¿Qué
haces tú aquí?
-¿Y
tú sola?
Omar
sí la recuerda a ella.
-No…
No lo sé. Estaba en una fiesta, y… me he despertado aquí.
La
chica tiene los ojos vidriosos.
Está
realmente asustada.
-¿Y
tú?- Le repite Alba.
-Alguien
me ha hecho venir hasta aquí. Creo que Monicuernos ha vuelto y tiene a Marta.
La
chica suspira.
-¿Enserio
aún no te has dado cuenta, Omar? Marta es Monicuernos.
-Esto
mismo me lo ha dicho Ainara también.
-Anda,
mira, la vasca ha aprendido a usar el coco.
-A
ti es a quien me resulta difícil creer, Alba.
La
chica lo mira con desprecio.
-¿Enserio,
Omar?
-No
me preguntes por qué pero tengo la impresión de que tú tienes algo que ver con
todo esto.
Alba
está indignada.
-¿Ah,
sí? ¿Y por qué debería de creerte yo a ti? Me han drogado y aparezco en otro
lugar y encima estás tú, con el asco que me tienes.
-No
digas que te tengo asco, Alba. Es sólo que por qué tú.
-¿Por
qué yo qué? Estoy confundida, estoy asustada y quiero irme a casa. Pasa de la
pirada de Marta y llévame, o acompáñame o lo que sea.
Alba
está empeñada en darle a Judith donde más le duele.
Y
donde más le duele siempre será Omar.
Además,
qué cojones, le gusta.
La
chica le tiende la mano
-No,
Alba, no puedo pasar de esto.
Nico
tiene el pie en el cuello a Marcos.
Aprieta
con ganas.
-Podría
matarte. Podría haberte matado cuando te he visto. Y aún así ha sido sencillo.
Maricón.- Se burla Nico
A
Marcos le falta el aire.
-La
zorra de tu chica se ha rajado y no aparece. Sabes lo que te espera como llame
a la policía, ¿verdad?
Nico
se saca la navaja y afloja el pie del cuello de Marcos.
Se
aparta.
-Vamos,
tercer asalto.
Marcos
tose en el suelo cuando Ainara aparece por detrás y le intenta quitar la navaja.
Los
dos forcejean.
Se
oye cómo la navaja raja la prenda y después el grito.
Ella
observa la escena bajo su máscara.
Omar
y la puta de Alba cada vez más cerca.
Sonríe.
Y
sin que nadie la vea apunta a Omar a la cabeza, y después a Alba.
Omar
le dolería a Judith.
¿Pero
y Alba?
¿Y
Marta?
El
pobre ya ha pasado por mucho.
No
se lo piensa cuando aprieta el gatillo, aunque no controla a quién va dirigida.
Sale
corriendo cuando uno de los dos grita y el otro le sigue.
Dos
ambulancias.
Un
coche patrulla para cada uno.
Dos
ambulancias resuenan en la distancia.
Una
cada vez más cerca de Ainara, Nico y Marcos.
La
otra acaba de salir camino al parque donde Alba apoya la cabeza en el hombro de
Omar, mientras éste le tapona la herida de bala que tiene debajo de las costillas.
La
muerte pronto teñirá los pasillos del hospital.
Pero
Monicuernos se ha reservado aún un par de trucos para el final.