martes, 30 de junio de 2015

Capítulo catorce:

Capítulo catorce:
                      
Eme y Cris ahora están en uno de los bares de las calles de abajo.
Suena un tema antiguo de El canto del loco.
Volverá.
-¿Cuál quieres, ángel?- Le pregunta Eme, señalando la pared que sirve como enorme carta de chupitos.
Cris la examina, y a los segundos responde, asombrada:
-¿Enserio cada chupito es el título de una canción?
-Eso es lo que más me gusta. Es como si te diesen a elegir entre los chupitos por tu estado emocional de ésa noche.
-Mira, La promesa sí que la conozco. A Judith le dio durante semanas por escucharla.
-La promesa es una buena opción.- Sonríe Eme, y le pide al camarero dos.
Cuando él les sirve, y ella le paga, le pide a Cris que le prometa algo.
-Eh, ¡no te lo bebas todavía! Quiero proponerte una cosa.
-¿Qué?
-Como el chupito se llama La promesa quiero que me prometas algo, antes de bebérnoslo, ángel. Quiero que me prometas que nunca… que nunca me abandonarás.
Cris suspira.
Con el cáncer, difícil prometerle eso.
-Yo… Te prometo que no te abandonaré en éstos meses que me quedan si tú me prometes algo a mí.
-¿El qué, reina?
-Prométeme que cuando me haya ido, me olvidarás. No sufrirás. No llorarás más de lo establecido.
Eme la toma de una mano.
Y se lo promete.
Piensa Tú no me abandones a mí en ésta lucha en la que estamos juntas, que cuando tú no puedas más, ya lucharé yo por las dos.
Mira a Cris y piensa Te voy a querer siempre.
Y la canción acaba, y se beben ése chupito.

Omar marca el número de Marta.
Si no puede conseguir las respuestas que necesita por Judith, lo hará preguntándole a Marta.
Pero ella no responde.
Ainara niega con la cabeza, sentada en el banco a su lado.
A los pocos segundos, recibe un mensaje.
No puedo hablar, mis padres están durmiendo. ¿Nos vemos?
La chica lee el mensaje.
-¿Quieres que te acompañe?
En cuanto Ainara lo pregunta, suena su teléfono.
Y ése astro al que lleva un mes esquivando colisiona de nuevo en su corazón.

Nico lo ha encontrado.
Camina solo a unos metros por delante.
Sabía que Marcos cogía ése camino para llegar a su casa.

Marcos se cuestiona si llamar o no a Ainara.
Ha discutido con su chica por lo de la pizzería y cree que lo han dejado, porque ella después de pegarle cuatro gritos, ha llamado a un taxi y se ha ido.
Con ella sí que le iba bien, y por una pelea todo se rompió.

Genial, va a pasar por el parque. A ésta hora no habrá nadie.
Nico lo sigue, se cuestiona si coger una piedra y sonríe.
Lleva la navaja cerrada en el elástico de los calzoncillos.
No necesita una piedra.
Además, ésta vez le va a ir de frente.

Marcos pulsa la tecla de llamar un segundo antes de que alguien le grite:
-Eh, Marcos, marica.
Se gira, y escucha a Ainara responder.
Se ha apartado el móvil de la oreja.
Nico.
-Vamos, ¿qué pasa? ¿Te sorprende?
Se ríe como si fuera el diablo.
-Hace tiempo que quiero partirme la boca contigo. ¿Qué te parece aquí y ahora?
Nico no le da tiempo a que responda, le da un empujón en el pecho y le coloca el calzo por detrás, derribándolo.
El móvil de Marcos sale disparado.
Él le pone el pie en el pecho y aprieta.
-Vamos, maricón, ¿esto es todo lo que sabes hacer?
Él le quita el pie de encima y se aparta sin dejar de mirarlo, dejando que se levante.
-Marcos, ¿dónde estás?- Le pregunta alarmada Ainara que lo está escuchando todo.
Marcos se levanta y le va a dar un puñetazo.
Nico es más rápido y se lo da a él en la barriga, dejándolo sin aire.
Nico agarra a Marcos de la cara y se ríe a carcajadas.
-Maricón.
Y le da un puñetazo en la cara.
Marcos está otra vez en el suelo.
Y ésta vez no se lo piensa.
Se saca la navaja, la abre y se la coloca en la manga.
Marcos casi ni respira.
Los golpes en el pecho, el puñetazo en la barriga y la nariz que le sangra. Le duele todo.
Nico coge el móvil.
Le dice dónde ir sola si quiere volver a ver entero a Marcos.

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