Capítulo
ocho:
Mónica
sigue ocultándole eso a Marcos y Nico, y también a sus padres.
Gael
no fue el único que murió aquella tarde.
Abortó.
Cuando
Gael la golpeó, abortó.
Está
en su cuarto, tumbada en la cama mirando al vacío cuando reúne el valor
suficiente y coge el móvil y le escribe a Nico.
¿Podemos vernos más tarde?
Al
instante llega la respuesta.
En
la puerta del cine de Callao Mario espera a Maia.
La
chica llega enseguida.
Va
preciosa, como siempre.
Cuando
Aator murió ella se tiñó el pelo de negro.
Ella
después del entierro de Aator le confesó llorando por qué.
Era bonito cuando me llamaba
rubia él. Ya no quiero que nadie más vuelva a hacerlo.
Es
extraño también verla vestir de otro color que no sea de luto desde entonces.
Va
con un abrigo marrón y unos vaqueros desteñidos.
Y
el pelo con el flequillo a un lado, negro como el carbón.
Lo
saluda con dos besos y hasta parece que le sonríe.
-¿Qué
peli te apetece ver, guapa?
Ahora
sí que le sonríe, y a él se le desboca el corazón.
-¿Qué
cojones quieres?- Rebeca descuelga el teléfono. Es Guille.
-Qué
buen humor, nena.- Se ríe él al otro lado de la línea.
-Es
que no sé, si has visto que te he colgado nueve veces, ¿por qué mierda lo
intentas una décima?
-¿He
hecho algo?- Pregunta Guille, acojonado.
-¡Qué
no has hecho! Ven a mi casa ahora mismo que te lo voy a explicar yo.- Coge el
bote de nata de encima de la mesa y lo bate cerca del móvil, para que Guille lo
escuche.
-Joder,
me habías asustado. Iba de camino a tu casa.
Eme
llega a casa. No ha podido estar con Cris casi nada de tiempo porque su padre
enseguida la ha recogido. Se ha pasado todo el camino en taxi llorando a mares.
Su novia se está muriendo.
Alma
está viendo la tele en el salón, y Hugo está con Lucas en su cuarto.
No
es momento para hablar con él sobre la nueva inquilina. Ni es momento, ni tiene
ganas.
-¿No
sales ésta noche?- Le pregunta Alma.
Eme
no le responde.
Sigue
llorando, callada.
Alma
se levanta del sofá, asustada.
-¿Estás
bien?
Eme
intenta contener las lágrimas sin éxito, porque explota por dentro en mil llantos
más.
Alma
dubitativa la abraza.
La
chica llora en su hombro.
-¿Por
qué mierda me hacéis esto?- Cris estampa el cenicero de su cuarto en la pared.
Llora
a mares sentada descalza en su cama, apoyada en la pared.
Era
un recuerdo de cuando fue con sus padres a París, pero ya no lo va a estrenar siquiera.
Con
quince años y sin haber fumado nunca, se va a morir de cáncer.
Su
padre entra en la habitación por el ruido.
Cris
se levanta de la cama.
-¡Sal
de aquí! ¡Fuera!- Grita Cris fuera de sí. No quiere que su padre la vea llorar.
Pero
su padre no sale, le grita.
-¿Qué
cojones te pasa? ¿Por qué rompes eso?
Las
lágrimas le arañan la voz hasta quebrársela cuando le medio grita a su padre:
-¿Qué
te pasa a ti? ¿Qué te pasa a ti que ves que me estoy muriendo y ni con ésas me dejas
salir sola?
Su
padre suspira.
-No
queremos que veas a Eme, ¿no lo entiendes?
-¿Y
no entiendes tú que aunque no la vea la amo?
Su
padre niega con la cabeza.
-Qué
estupidez. ¡Qué vas a saber tú de amor con quince años!
-El
estúpido aquí eres tú, que no entiendes que dos personas del mismo sexo se puedan
amar.
Boca
cerrada.
Ésta
vez sí que van a hacer bien las cosas las dos.
Ésta
vez sí, ésta vez será para siempre.
Eme
le ha contado a Alma lo de su chica, y ha descubierto en su nueva compañera de piso
una amiga.
-¿Sabes
lo qué tienes que hacer? ¡Ganarte a sus padres! ¡Gánatelos, eres una chica encantadora!
Y si no lo consiguieses, ve a por Cris. Se nota que ésa chica te quiere por lo que
me has contado, y si yo fuera tú, no renunciaría a algo tan grande. Nada es eterno
en ésta vida. Ahora lo que tienes que aceptar es que se acabará, y tratar de aprovechar
cada segundo.
En
ése momento suena su móvil.
Cris
la está llamando.
-Mira,
es ella.- Eme señala su móvil.
-Bueno,
respóndele. Yo, mmm, voy a la cocina a prepararme un sándwich.- La anima Alma, contenta.
Eme
asiente y Alma sale.
Responde
rápidamente.
-¡Princesa!-
Exclama Cris. La nota feliz al otro lado de la línea.
-¿Cielo?
-¿Qué
hacemos ésta noche?
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