miércoles, 20 de mayo de 2015

Capítulo cinco:

Capítulo cinco:
                 
Judith es la primera en irse.
Su madre quiere que esté en casa a las ocho.
Una pena, porque la bolera se estaba empezando a llenar. Aunque pensándolo bien no tiene nada que celebrar. Cris, su mejor amiga tiene cáncer.
Camina cogida de la mano de Joaquín por Carabanchel.
-Tengo cinco minutos para llegar a la otra punta.- Comenta, agobiada.
-Tu madre es mazo de estricta con la hora, debería de darte un respiro.
-Bastante es que me deja salir, después de los problemas que he tenido.
Ésas calles recorrió aquel domingo de vuelta a casa.
Lo que no se esperaba era encontrarse con la policía en su salón.
La esposaron y la tuvieron en el calabozo.
Por falta de pruebas que la hicieran culpable la sacaron el lunes.
Ella no se vio con fuerza de seguir estudiando, y Jorge y ella dejaron de verse.
En aquel semáforo del final de la calle Jorge le rompió el corazón.

-¿Volveremos a vernos?- Le pregunta ilusionada Judith desde el asiento del copiloto.
Jorge detiene el coche en el semáforo en rojo.
-No lo creo.- Le responde, y evita mirarla a la cara.
-¿Cómo? ¿Ocurre algo, Jorge?
Él calla.
El semáforo vuelve a ponerse en verde y él conduce.
-Judith, esto no va a ir más allá.
La chica traga saliva.
-¿Y por qué?
-Porque eres mi alumna, y eres menor de edad. Está en juego mi puesto de trabajo.
Ella resopla.
-¿Sabes? No te creo. El otro día al salir de clase también era tu alumna, y me besaste.
-Estaba confundido.
Gira en la siguiente calle.
-¿Es por aquí?
-No te preocupes, Jorge. No quiero que mi profesor me acompañe a casa después de haber pasado la noche con él.
Él hace una mueca de disgusto.
Para en una plaza libre del aparcamiento por el que están pasando.
La mira.
-¿Quieres una explicación?
Judith asiente.
-Prométeme que no le dirás nada a nadie.
Ella asiente.
-Prométemelo, Judith.
-Que sí, que te lo prometo.

Ocurre de un segundo a otro, en la acera de enfrente.
Dos corazones vuelven a encontrarse, dos miradas vuelven a cruzarse.
Hay lágrimas, aunque nadie las ve.
Saltan chispas, aunque sólo lo sientan ellos dos.
Judith siente el impulso de soltar la mano de Joaquín.
Y lo hace.
Porque enfrente de ella, dentro de la joyería Omar está frente al mostrador, eligiendo qué anillo regalarle a su chica.
Él no la ve.
Tiene la piel de gallina y los ojos se le han puesto vidriosos de golpe pero no la ve. Aunque la viese ni siquiera la reconocería.

Margarita no ha querido hablarle a su hijo de Judith. Él tampoco ha preguntado por ella desde que se ha despertado. Por quien sí que ha preguntado es por Marta. Ella le ha entregado la carta que la chica le escribió cuando él se debatía entre la vida y la muerte, y él la lee desde el asiento trasero del coche.

Querido Omar:
                En primer lugar, quiero decirte que si notas la letra torcida y mal es porque te estoy escribiendo desde el bus, camino al hospital. Tengo ganas de que despiertes, corazón. Y sé que lo harás. Creo en ti. No puedes irte así de aquí, dejando la huella del último beso que me diste grabada en mi corazón por siempre. No puedes irte de mi vida. No después de tanto tiempo que hemos pasado juntos. He estado informándome, y la mierda que te metieron en la bebida aquella noche produce pérdidas de memoria y lagunas mentales, y ahora temo que no recuerdes cuánto nos hemos querido. Cuánto te quiero, y cuánto me quieres tú a mí. Rezo porque nuestro amor pueda con esto y mucho más.
                                                                                                                             Marta.

Cuando terminó de leer la carta, le escribió a Marta.
Ella le explicó mil cosas que no recuerda. Le explicó que su relación iba viento en popa hasta que apareció una chica queriendo hacerles daño. Judith, cree que dijo que se llamaba. Él no la recuerda, pero Marta sabe que ahora que él está bien, nada ni nadie podrá volver a hacerles daño. Él apenas recuerda su relación con Marta, pero confía en ésa chica. Y es una sensación extraña porque le está empezando a gustar. Y con todo lo que ha pasado ésa chica por él, quiere premiarla. Va a comprarle un anillo de plata, y va a grabarle algo dentro.

-¿Éste entonces?- Le pregunta la mujer mayor que le atiende, para asegurarse.
Él examina otra vez el anillo.
Fino, sencillo y bonito.
-Sí, ¿puedes grabarle algo?
-Claro. ¿Qué quieres?- La señora saca una libreta y la abre.
Coge un bolígrafo del lapicero y anota lo que él le dice.

-Mi recuerdo más preciado.

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