Capítulo
doce:
Alba quema la foto en su
terraza.
La perfecta de Judith.
Se las va a pagar.
Con la llama de la primera
foto de la chica enciende la segunda.
En
esta se ve a Judith posando de cuerpo entero. Con la mano rozando su cadera.
Ése
cuerpo tan bonito que ella un día quiso quebrar se funde con el fuego.
Las
cenizas y las lágrimas de los ojos de Alba se las lleva el viento de la noche de
Madrid, que no ha hecho nada más que empezar.
-Ahora
me toca jugar a mí.- Se ríe la chica, despertando a Marta.
La
chica ahora está tumbada en ropa interior sobre una mesa metálica con cada una de
sus articulaciones bien atadas a cada una de las esquinas.
A
Marta le parece reconocer su voz, pero no está segura.
Y
menos aún lo está cuando la enmascarada le muestra la urna con la araña dentro.
-¿Enserio
la vas a torturar también con la viuda negra?- Pregunta el chico.
El
nombre de la especie nada más ya acojona.
-¡NO!
¡NO! ¡NOOOOOOOOO!- Grita desesperada Marta, intentando soltarse en vano.
La
chica mete la mano enguantada y coge la araña.
-¡Sí,
soy Monicuernos! ¡Soy Monicuernooooos!- Patalea llorando Marta.
La
chica no dice nada.
Deja
la araña donde estaba y sale con el chico de la habitación.
Fuera,
lejos de que Marta los escuche, la chica se quita la máscara.
-Sabía
que era ella desde el principio. Es una zorra retorcida.
-Y
dura de pelar.- Comenta el chico.
-Buah,
tampoco tanto. Le pones una arañita de nada y mira. Imagínate cuando estemos a punto
de volarle los sesos. Soltará todo lo que queremos saber.
-Cuando
tú estés a punto de volarle los sesos, no me incluyas a mí. Además, ni siquiera
tienes un arma.
-Anda
e interrógala, por favor. Lo quiero todo. Los motivos por los que se hizo la cuenta,
todo. Después si quieres puedes irte. Para siempre.
-¿Ésta
es tu manera de romper conmigo?
-No,
ésta es mi forma de alejarte. Esto va a ir muy lejos y cuando lo descubran, acabaré
encerrada. No quiero verte sufrir.
-¿Dónde
vamos?- Le pregunta Cris.
Se
bajaron de la moto hace rato, y ahora caminan las dos de la mano por unas inclinadas
calles de Madrid en las que Cris nunca antes había estado.
-Quiero
enseñarte mi lugar favorito de todo Madrid.
Cris
sube el siguiente escalón de la calle y se asombra al leer la pintada bajo sus pies.
Me dijiste piérdete por mis calles
y tu nombre no era Madrid…
Camina
unos metros más y lee la siguiente pintada sobre el escalón.
Querías que fuese vagabundo de tus
curvas y hoy soy náufrago de tus labios.
El
siguiente le saca una sonrisa, y comienza a comprender verdaderamente que Eme ha
escrito eso para ella.
Caíste a mi lado de ahí arriba como
si fueras un ángel…
Y
al siguiente:
Y hoy quiero enseñarte el cielo al
que me llevas en cada beso.
Y
muchos más escalones, que terminan de relatar:
Desde el día en que te vi vivo un
amor prohibido.
Desde el día en que te vi vivo un
amor.
Un amor contigo.
Para siempre.
Por siempre.
Eterno.
Que se queden tus besos atascados
siempre en las calles de las venas de la avenida de mi alma.
Nunca se borrarán de mí tus caricias,
amor.
Te amo.
Y te amaré siempre.
El
lugar al que llegan es increíble. Un enorme acantilado parte Madrid en dos.
Se
ve la ciudad a lo lejos.
Y
una estrella cae más lejos aún.
Un
pájaro se pierde en la oscuridad.
Y
Eme mira a Cris.
Y
Cris no puede contener la sonrisa.
Y
menos aún cuando lee lo último que hay escrito a sus pies.
Posdata: Éste es solo el lugar que
me gusta visitar para pensar en ti, ángel. Nunca éstas vistas podrán compararse
con lo que es verte sonreír a ti, mi vida.
-No
puedo creer que Marta te haya contado eso. Yo… Omar, llevo aquí apenas un mes, y
bueno, no sé antes. Pero Marta y tú erais amigos. Buenos amigos, eso es todo.
Parece
que las piezas terminan de encajar en la mente de Omar, pero aún le queda demasiado
por saber. Y en el momento en el que encajan vuelven a soltarse. Ahora sí que está
hecho un lío.
-Además,
Judith no puede querer hacerte daño. Ella es buena persona. De Marta quizás me lo
creería, ¿pero ella?
-¿Y por qué mi madre está empeñada
en que la evite?
-Los
días antes de que tú entrases en coma, todos, incluido tú fuimos víctima de los
juegos de una cuenta de Twitter que manipulaba y controlaba todos nuestros secretos. Quizás esa persona habló
también con tu madre.
Ainara
pestañea terminando de entender todo.
-¡Qué
brillante! Ésa tía está enamorada de ti, y ha hecho lo posible y lo imposible por
separarte de Judith. La ha puesto como la mala delante de tu madre para poder quedarse
contigo. ¡Claro! Por eso no recuerdas lo que ella te cuenta.
Omar
se está enfadando.
-Ya,
claro, Ainara. Ahora eres detective, ¿no? ¿Y qué pasa si la mala aquí es Judith?
-Que
te digo yo que no, mira, parece que necesitas ver una foto de ella para darte cuenta.
Ainara
busca en la galería de su teléfono la foto que Monicuernos colgó de Judith dibujando
a Omar.
Él
mira la foto, mira a Judith durante unos segundos.
Había
olvidado sus manos.
Había
olvidado sus labios.
El
beso.
Y
lo recuerda.
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