Capítulo
once:
Joaquín ha conseguido la
pasta vendiendo ésa vieja pistola robada.
La consiguió hace meses,
cuando sus colegas y él se colaron de casualidad en la casa de un agente a las afueras
de Madrid.
Y ahora que ha conseguido
una compradora no ha dudado en deshacerse de ella.
Toca al telefonillo de
la casa de Judith.
-¿Quién?- Responde su madre
al otro lado.
Él suspira aliviado de
que al menos no sea su padre.
-Perdone las horas… ¿está
Judith?
-No te preocupes, hijo,
estábamos acabando de cenar. Sí, espera, te la paso.
A los pocos segundos su
chica le responde:
-¿Sí?
-Judith, soy yo. Joaquín.
¿Puedes… Puedes bajar un segundo?
La chica traga saliva al
otro lado del telefonillo
-Sí.
Te abro. Espérame dentro, no estés pasando frío. Bajo en cuanto termine de cenar.
-¿Por
qué no dejas de mirarla a ella y me miras a mí?- Le pregunta Tania, devolviendo
a Marcos a la realidad.
Él
apenas ha comido, mientras que ella ya casi ha terminado de cenar.
No
le ha prestado atención a lo que le había dicho antes, y todo por ver a Maia.
Entró
en la pizzería hace rato, y él, además de estar inquieto, ha sentido el estómago
cerrado.
Y
no puede terminarse su porción, mientras que Tania ya va por la segunda.
Él
niega con la cabeza.
-Lo
siento, nena. Tenía la mente en blanco.
-Marcos,
a mí no me engañas. ¿Quién es?
Él
hace una mueca de disgusto.
-Nadie.
-Nadie,
¿verdad?
-Sí,
es lo que te estoy diciendo, nadie.
Tania
asiente con la cabeza y se levanta de la mesa, acercándose a la de Maia y Mario.
Ocupa
la silla libre entre los dos.
-¿Tu
nombre?- Le pregunta Tania.
-No,
eso es lo que te tendría que preguntar yo a ti que te sientas con nosotros.
-Pues
mira, sí. Mi chico, ése de ahí, no para de mirarte como si te conociera. ¿Tú lo
conoces?
Maia
mira asombrada a donde Tania le indica, y cuando ve a Marcos, aparta la mirada.
-¿Qué?
¿Eres su ex o algo así?- Le insiste Tania.
-Es…
El exnovio de mi hermana.
-Gracias,
bonita.
Tania
se levanta y vuelve a su mesa.
Marcos
la mira avergonzado.
-Tu
exnovia. Así que es alguien.- Le comenta Tania, dándose por satisfecha.
El
chico agacha la cabeza.
Por
dentro se le revoluciona todo, dejándose llevar por los recuerdos de lo que pasó.
Él
ya conocía a Tania, aunque no estaban tan así.
Ella
tampoco era tan controladora.
Las
cosas eran diferentes al principio.
Él
se siente culpable, porque quizás es a él a quien le parece que Tania le pregunta
tanto, e investiga siempre tanto pero en realidad es por lo que oculta.
Por
lo que ocultan ésas dos miradas que se cruzan en la pizzería.
Eran las dos de la madrugada del siguiente
sábado al accidente que se cobró la vida de Aator.
Él la llamó diciendo que quería hablar
con ella de Ainara, pidiendo alguien que le supiera escuchar.
Cuando se vieron, ella le abrazó,
y el abrazo fue mutuo, curó un poco los dos corazones rotos de Maia y Marcos.
Fueron a un parque cerca de la casa,
y aunque Maia ya había dejado de salir, quería ayudar a su hermana y también a Marcos.
Lloraron juntos en aquel banco. Y
un abrazo dio paso a otro. Y estos a su vez a un par de caricias. Se besaron, y
sin ni siquiera planearlo, ése beso fue el secreto que los alejó.
Ainara
y Omar se ven en ése mismo parque ahora.
Se
saludan primero con dos besos y luego la chica se lanza y le da un abrazo.
-¿Vamos
a ése banco?- Le propone Omar, y la chica asiente.
Una
vez sentados, él la mira a ella directamente a los ojos y saca el tema:
-Y
bien, ¿de qué querías hablar?
Ella
responde al instante.
-Cuando
fui a verte quería saber… Yo estaba con Marcos, y bueno, quería saber… ¿por qué
os lleváis tan mal?
Él
aparta la mirada de ella.
Niega
con la cabeza.
-Y
bien, ¿me lo vas a contar?
-No
creo que debas de fiarte de lo que yo recuerde o no. En teoría he olvidado bastantes
cosas sobre antes del coma.
-Marcos
y yo ya no estamos juntos, no voy a hablar con él si es eso lo que te preocupa.
Él
niega con la cabeza.
-Claro
que no… No es eso. Es solo que… A veces me cuesta recordar a Marta, y eso que es
mi novia. A veces por las cosas que ella y mi madre me cuentan que hicimos puedo
completar mis recuerdos. Por eso no quiero que te fíes de mi memoria.
Ainara
se ríe.
Él
la mira interrogante.
Ainara
no puede parar de reír.
-¿Marta?
¡Judith dirás!
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