Capítulo
nueve:
Martina ha estado un
rato dando vueltas con el coche. Ha dado tantas que ha llegado a una
conclusión; va a coger la vida por los cuernos, y ahora que lo ha perdido todo
también es una forma de empezar de cero.
Le ha escrito a Jorge,
y ahora él se sube en su coche y le pregunta sonriente:
-¿Dónde vamos?
Martina lo mira
directamente a los ojos.
-Necesitaba hablar
contigo.
Él ve los ojos
hinchados de ella.
Ha estado llorando.
-¿Estás bien?
-No, claro que no,
joder. Juan y yo lo hemos dejado, ni siquiera tengo dónde quedarme.
Él le sonríe.
-Pues aparca donde
puedas y sube.
Ella se ríe a
carcajadas.
-Vamos, Jorge, ¿qué me
estás contando?
-¿Entonces por qué has
querido verme?
Ella aparca el coche y
niega con la cabeza.
-He venido a
despedirme.
Él traga saliva.
-¿Qué?
-Eso, que he venido a
despedirme. Mañana mismo me estoy yendo a Francia a vivir, con mi hermana.
Él la mira y no lo
entiende.
Le pone una mano en la
rodilla y se la acaricia.
-No puedes irte.
-No tengo opción,
Jorge, que es distinto.
Él se altera.
-¡Te estoy diciendo
que te quedes en mi casa, no tienes por qué irte a Francia!
Ella suspira.
-¿No lo entiendes,
tío? Me voy, dejo ésta mierda y te dejo a ti atrás. Ésta vez voy a empezar de
cero, yo sola. Yo sin ti.
-Pero yo te quiero.
Ahora sí que Martina
se ríe.
-¿De qué te ríes?
-De lo payaso que
eres. Baja de mi coche. Ya.
Él la mira, niega con
la cabeza y hace lo que le pide.
Judith cierra el
cuaderno y suspira, dando por terminados los ejercicios de matemáticas.
No ha hecho ni la
mitad, y fijo que los que ha hecho están mal.
Son para el lunes,
pero quiere tener el domingo libre.
En ésa media hora que
ha estado liada, Joaquín la ha llamado cinco veces.
No le ha respondido, y
no quiere conectarse, para que no se enfade porque no tiene ganas de
responderle, ni de hablar con él.
Las palabras resuenan
en el corazón herido de Judith.
Omar es el segundo
chico que se lo ha roto. Jorge se lleva el primer puesto.
Y aunque ella ni
siquiera siente nada por Jorge, le duele saber que le entregó su virginidad, ¿y
para qué?
Gira en la siguiente calle.
-¿Es por aquí?
-No te preocupes, Jorge. No
quiero que mi profesor me acompañe a casa después de haber pasado la noche con
él.
Él hace una mueca de disgusto.
Para en una plaza libre del
aparcamiento por el que están pasando.
La mira.
-¿Quieres una explicación?
Judith asiente.
-Prométeme que no le dirás nada a
nadie.
Ella asiente.
-Prométemelo, Judith.
-Que sí, que te lo prometo.
-Ése día, cuando te besé, yo… no
sé si me lo notaste, pero había consumido…
-¿Consumido qué?- Judith lo mira
atenta.
-Cocaína.
Unos segundos de silencio. Los
ojos de Judith se empañan.
-¿Me besaste sólo por cómo ibas?
-No lo sé. Después de eso te
empecé a desear, y ahora me doy cuenta de que sólo fue un capricho.
Ella tiembla de ira.
-¿Sólo un capricho?- Le grita.
-Judith, tranquilízate, por
favor. La gente se nos queda mirando.
Ella respira hondo, se mira la
palma de la mano, y le da una bofetada.
Se baja del coche y se aleja.
Ella
abre los ojos con fuerza debajo del agua.
El
chico de antes le está metiendo la cabeza con fuerza en un cuenco enorme con
agua y ella aprieta para poder salir.
Se
empieza a marear cuando él le saca la cabeza de nuevo tirándole del pelo.
-¿Por
qué me hacéis esto?- Pregunta Marta, y traga agua porque antes de terminar la
frase le sumerge otra vez la cabeza.
Ella
sabe bien por qué.
Por
estar enamorada de Emily, y separarla de Marcos.
Por
ver cómo Mónica le era infiel a Marcos y atacarla.
Por
jugar a hacerle daño a Judith estando con Omar.
Vuelve
a tomar aire cuando le saca la cabeza.
-¿Vas
a contestar ya o te tengo que ahogar, puta?
-Repíteme
la pregunta, por fa.
El
chico la mira fijamente, suspira y pregunta:
-¿Eres
o no eres Monicuernos?
Marta
le escupe por segunda vez en la cara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario