jueves, 4 de junio de 2015

Capítulo siete:

Capítulo siete:
                 
Marta abre los ojos, y lo primero que ve, sentado frente a ella es a su secuestrador, con la cara tapada por una máscara.
Atada a la silla, contempla al chico al otro lado de la larga mesa.
-¿Tienes hambre? Debes de tener hambre. – Le pregunta y se levanta para ponerse a su lado.
Marta calla.
-¿Quieres algo de comer?- Le insiste.
Ella se mueve en la silla.
La cuerda que rodea su cuerpo y la silla está vieja, y no le costaría romperla si se lo propusiese, pero no está sola.
Él le acaricia la mejilla.
Ella intenta morderle el dedo.
-Con que estas tenemos, eh.
Él se mueve por la mesa, buscando algo.
Coge un martillo y toca una sierra de hilo.
Por suerte se decanta por lo primero.
-Marta. Tienes una oportunidad. ¿Eras tú quien llevaba la cuenta de Monicuernos?
Ella le escupe en la cara.
El se limpia asqueado.
Mira el martillo y la mira a ella directamente a los ojos.
Aprieta el mango y golpea con fuerza a Marta en la rodilla.
Siente cómo se le rompe un hueso.
Aprieta las manos e intenta contener el dolor. No lo consigue y grita, intentando liberarse del dolor infernal que tiene en la rodilla.
Él deja el martillo en la mesa y se sienta de nuevo en el otro extremo.
Tras contemplarla unos segundos, escribe algo en su móvil.
Unos segundos más tarde se escucha un portazo y a una chica que exclama:
-Te he dicho que estaba de camino. ¿Se ha despertado ya?
-Sí, claro que sí. Si no sería preocupante. Ha anochecido ya.

Me has dejado muy rayado, estabas mazo de rara de camino a casa.
Judith suspira ante el móvil, lo bloquea y lo deja en el escritorio.
Claro que estaba rara, joder.
Tendría que tener cara de haber visto un fantasma. ¡Y lo ha visto!
Coge de nuevo el móvil, en un impulso llama a Omar.
Al tercer timbre, responde.
-¿Sí?
Escuchar su voz suena como una caricia por debajo de su piel.
-Omar, necesito verte. Necesito explicártelo todo.
El chico se muerde la lengua, nervioso.
-Esto… Perdona que te lo diga así pero… ¿Con quién hablo?
El corazón de ella late más rápido.
-Omar, va, no bromees con eso. Soy Judith.
Él resopla.
-Tú otra vez, entonces. ¿Qué quieres?
-Sólo te pido una oportunidad. Sé… sé que tu madre te habrá contado lo que ha pasado, pero las cosas no son así. Me tendieron una trampa, Omar.
-Escúchame, esto, Judith; no metas a mi madre en tus cacaos mentales. Que te quede claro; estoy con Marta y soy feliz con ella.
Dos lágrimas caen de sus ojos.
No dice nada más.

Corta la llamada y se echa a llorar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario