Capítulo
siete:
Marta abre los ojos, y lo primero
que ve, sentado frente a ella es a su secuestrador, con la cara tapada por una
máscara.
Atada
a la silla, contempla al chico al otro lado de la larga mesa.
-¿Tienes
hambre? Debes de tener hambre. – Le pregunta y se levanta para ponerse a su
lado.
Marta
calla.
-¿Quieres
algo de comer?- Le insiste.
Ella
se mueve en la silla.
La
cuerda que rodea su cuerpo y la silla está vieja, y no le costaría romperla si
se lo propusiese, pero no está sola.
Él
le acaricia la mejilla.
Ella
intenta morderle el dedo.
-Con
que estas tenemos, eh.
Él
se mueve por la mesa, buscando algo.
Coge
un martillo y toca una sierra de hilo.
Por
suerte se decanta por lo primero.
-Marta.
Tienes una oportunidad. ¿Eras tú quien llevaba la cuenta de Monicuernos?
Ella
le escupe en la cara.
El
se limpia asqueado.
Mira
el martillo y la mira a ella directamente a los ojos.
Aprieta
el mango y golpea con fuerza a Marta en la rodilla.
Siente
cómo se le rompe un hueso.
Aprieta
las manos e intenta contener el dolor. No lo consigue y grita, intentando
liberarse del dolor infernal que tiene en la rodilla.
Él
deja el martillo en la mesa y se sienta de nuevo en el otro extremo.
Tras
contemplarla unos segundos, escribe algo en su móvil.
Unos
segundos más tarde se escucha un portazo y a una chica que exclama:
-Te
he dicho que estaba de camino. ¿Se ha despertado ya?
-Sí,
claro que sí. Si no sería preocupante. Ha anochecido ya.
Me has dejado muy rayado, estabas
mazo de rara de camino a casa.
Judith
suspira ante el móvil, lo bloquea y lo deja en el escritorio.
Claro
que estaba rara, joder.
Tendría
que tener cara de haber visto un fantasma. ¡Y lo ha visto!
Coge
de nuevo el móvil, en un impulso llama a Omar.
Al
tercer timbre, responde.
-¿Sí?
Escuchar
su voz suena como una caricia por debajo de su piel.
-Omar,
necesito verte. Necesito explicártelo todo.
El
chico se muerde la lengua, nervioso.
-Esto…
Perdona que te lo diga así pero… ¿Con quién hablo?
El
corazón de ella late más rápido.
-Omar,
va, no bromees con eso. Soy Judith.
Él
resopla.
-Tú
otra vez, entonces. ¿Qué quieres?
-Sólo
te pido una oportunidad. Sé… sé que tu madre te habrá contado lo que ha pasado,
pero las cosas no son así. Me tendieron una trampa, Omar.
-Escúchame,
esto, Judith; no metas a mi madre en tus cacaos mentales. Que te quede claro;
estoy con Marta y soy feliz con ella.
Dos
lágrimas caen de sus ojos.
No
dice nada más.
Corta
la llamada y se echa a llorar.
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