miércoles, 20 de mayo de 2015

Capítulo cinco:

Capítulo cinco:
                 
Judith es la primera en irse.
Su madre quiere que esté en casa a las ocho.
Una pena, porque la bolera se estaba empezando a llenar. Aunque pensándolo bien no tiene nada que celebrar. Cris, su mejor amiga tiene cáncer.
Camina cogida de la mano de Joaquín por Carabanchel.
-Tengo cinco minutos para llegar a la otra punta.- Comenta, agobiada.
-Tu madre es mazo de estricta con la hora, debería de darte un respiro.
-Bastante es que me deja salir, después de los problemas que he tenido.
Ésas calles recorrió aquel domingo de vuelta a casa.
Lo que no se esperaba era encontrarse con la policía en su salón.
La esposaron y la tuvieron en el calabozo.
Por falta de pruebas que la hicieran culpable la sacaron el lunes.
Ella no se vio con fuerza de seguir estudiando, y Jorge y ella dejaron de verse.
En aquel semáforo del final de la calle Jorge le rompió el corazón.

-¿Volveremos a vernos?- Le pregunta ilusionada Judith desde el asiento del copiloto.
Jorge detiene el coche en el semáforo en rojo.
-No lo creo.- Le responde, y evita mirarla a la cara.
-¿Cómo? ¿Ocurre algo, Jorge?
Él calla.
El semáforo vuelve a ponerse en verde y él conduce.
-Judith, esto no va a ir más allá.
La chica traga saliva.
-¿Y por qué?
-Porque eres mi alumna, y eres menor de edad. Está en juego mi puesto de trabajo.
Ella resopla.
-¿Sabes? No te creo. El otro día al salir de clase también era tu alumna, y me besaste.
-Estaba confundido.
Gira en la siguiente calle.
-¿Es por aquí?
-No te preocupes, Jorge. No quiero que mi profesor me acompañe a casa después de haber pasado la noche con él.
Él hace una mueca de disgusto.
Para en una plaza libre del aparcamiento por el que están pasando.
La mira.
-¿Quieres una explicación?
Judith asiente.
-Prométeme que no le dirás nada a nadie.
Ella asiente.
-Prométemelo, Judith.
-Que sí, que te lo prometo.

Ocurre de un segundo a otro, en la acera de enfrente.
Dos corazones vuelven a encontrarse, dos miradas vuelven a cruzarse.
Hay lágrimas, aunque nadie las ve.
Saltan chispas, aunque sólo lo sientan ellos dos.
Judith siente el impulso de soltar la mano de Joaquín.
Y lo hace.
Porque enfrente de ella, dentro de la joyería Omar está frente al mostrador, eligiendo qué anillo regalarle a su chica.
Él no la ve.
Tiene la piel de gallina y los ojos se le han puesto vidriosos de golpe pero no la ve. Aunque la viese ni siquiera la reconocería.

Margarita no ha querido hablarle a su hijo de Judith. Él tampoco ha preguntado por ella desde que se ha despertado. Por quien sí que ha preguntado es por Marta. Ella le ha entregado la carta que la chica le escribió cuando él se debatía entre la vida y la muerte, y él la lee desde el asiento trasero del coche.

Querido Omar:
                En primer lugar, quiero decirte que si notas la letra torcida y mal es porque te estoy escribiendo desde el bus, camino al hospital. Tengo ganas de que despiertes, corazón. Y sé que lo harás. Creo en ti. No puedes irte así de aquí, dejando la huella del último beso que me diste grabada en mi corazón por siempre. No puedes irte de mi vida. No después de tanto tiempo que hemos pasado juntos. He estado informándome, y la mierda que te metieron en la bebida aquella noche produce pérdidas de memoria y lagunas mentales, y ahora temo que no recuerdes cuánto nos hemos querido. Cuánto te quiero, y cuánto me quieres tú a mí. Rezo porque nuestro amor pueda con esto y mucho más.
                                                                                                                             Marta.

Cuando terminó de leer la carta, le escribió a Marta.
Ella le explicó mil cosas que no recuerda. Le explicó que su relación iba viento en popa hasta que apareció una chica queriendo hacerles daño. Judith, cree que dijo que se llamaba. Él no la recuerda, pero Marta sabe que ahora que él está bien, nada ni nadie podrá volver a hacerles daño. Él apenas recuerda su relación con Marta, pero confía en ésa chica. Y es una sensación extraña porque le está empezando a gustar. Y con todo lo que ha pasado ésa chica por él, quiere premiarla. Va a comprarle un anillo de plata, y va a grabarle algo dentro.

-¿Éste entonces?- Le pregunta la mujer mayor que le atiende, para asegurarse.
Él examina otra vez el anillo.
Fino, sencillo y bonito.
-Sí, ¿puedes grabarle algo?
-Claro. ¿Qué quieres?- La señora saca una libreta y la abre.
Coge un bolígrafo del lapicero y anota lo que él le dice.

-Mi recuerdo más preciado.

martes, 19 de mayo de 2015

Capítulo cuatro:

Capítulo cuatro:
                 
-Lo que voy a contaros, chicos, no es fácil de decir.  Y menos en público a las personas más importantes de tu vida… Necesito que sepáis que os quiero, y que no voy a olvidar éste mes con vosotros.
Maia traga saliva.
-¿Quiere decir eso que te mudas, Cris?- Pregunta preocupada Judith.
-Esto… Esto quiere decir que los médicos, las pruebas médicas dicen que tengo leucemia.
La mesa entera se queda en silencio.
Maia es la primera en llorar, y luego Judith. Ainara está en estado de shock. Eme agacha la cabeza, triste.
Ainara mira a Cris.
-Te pondrás bien, ya lo verás.
Pero como todas las malas noticias, ésta tampoco viene sola. El problema ya no es la enfermedad de Judith, sino lo que les cuenta a continuación.
-Lo peor, no es eso…  Rechacé cualquier tratamiento porque eran pocas las posibilidades de sobrevivir por lo avanzado que lo tenía. Tenía pensado contároslo si empeoraba, pero primero tenía que asimilarlo yo.
-¿Quiere decir eso que ha empeorado?- Pregunta Eme.
Cris hace una pausa antes de dar la noticia.
-Ahora me han dado un máximo de dos meses, tres como mucho de vida, y es demasiado tarde para intentar nada.

Alba le manda un mensaje a Judith.
La chica lleva rato sin conectarse.
Ya ni saludas, ¿eh?
Alba deja el móvil en la encimera abre la nevera y bebe a morro del brick de zumo.
A los pocos segundos, Judith lo lee y le responde.
¿Cómo? Yo no te he visto.
Alba resopla.
Ya, claro. Estás todo el día con ésas zorras y con tu nuevo novio. Qué rápido se te pasa el luto chica.
Judith no puede creerse lo que lee.
                                               ¿Luto? Omar no está muerto, y que sea la última vez que                                                   hablas así de mis amigas.

¡JÁ! ¿Tus amigas?
¿Te ayudan tus amigas a dejar
 de ser una ballena?

                                               Tienes razón, Alba. Tú haciéndome vomitar era mucho                                                      más productivo.

Vete a la mierda, Judith.

                                               No, Alba, tú.


Suena el timbre y Marcos se dirige al recibidor.
-¿Quién es?- Pregunta, aunque se apostaría lo que fuera a que es Tania. Así que abre directamente, esperando encontrarse a su chica. Pero ella aún no ha llegado, en su lugar se encuentra a una chica de pelo rizado, largo y voluminoso con el pelo teñido en tonos cada vez más rosados desde la coronilla a las puntas, parada frente a su puerta, sonriente.
-Hola, ¿quién eres?- Le pregunta, tímido. Ha salido a recibir a su chica en calzoncillos, y ante él está parada una desconocida.
La chica primero le mira el paquete sin disimulo y al cabo de unos segundos, tras morderse el labio inferior, le mira directamente a los ojos.
-Me llamo Rebeca, vivo enfrente tuyo desde ayer. Mi madre me ha pedido que venga a pedirte que le bajes el volumen a la radio, que no escucha bien la televisión.
-¿Radio? No tengo la radio puesta.
La chica se riza un mechón con un dedo y lo mira directamente a los ojos.
-Vamos, andando. Estoy escuchando la música desde aquí.
Marcos le sonríe.
-Es el portátil, no la radio.
Rebeca se ríe.
-Muy ingenioso. Apágalo.
La chica espera en el recibidor, mirándole fijamente el culo a Marcos mientras éste se aleja a su cuarto. Al cabo de un segundo se mira en el espejo que hay junto a la puerta de cuerpo entero. Tiene el pelo alborotado, acababa de levantarse y ni siquiera se ha peinado. Se saca la barra de pintalabios del filo de las bragas. Sonríe pícara. Marcos le baja el volumen al portátil.
-Ay, mierda, qué desastre soy. Todo tirado por aquí en medio.
 Recoge algo del suelo en su cuarto y sale cuando Rebeca ya ha terminado de escribir en el espejo, en la esquina inferior derecha.
Ding, dong.
Rebeca abre la puerta sin preguntar siquiera. Y ante ella aparece una muchacha con una rosa, que se la tiende sonriente.  La situación es demasiado cómica y a Rebeca se le escapa una sonora carcajada.
-¿Quién eres tú?- Pregunta la chica, avergonzada y enfadada.
-¿Y tú? ¿Vas vendiendo rosas de casa en casa?
-Esto… Rebeca ya se iba, ¿verdad?- Dice Marcos, saliendo de detrás de la chica en calzoncillos aún.
-Soy la novia de Marcos. No soy ni de las que invitan a chicos a su casa mientras está en ropa interior, ni de las que entran a la casa de un chico que está en calzoncillos, y menos si ni lo conozco.
Tania también es buena respondiendo, sabe cómo atacar.
-Te creo, aunque la gente comenta algo distinto. Soy la vecina de enfrente de tu chico, he venido a que bajase la música. Nada de ponerse celosa, que aún no lo he visto desnudo.
Tania la agarra del brazo y se lo tuerce detrás de la espalda, empujándola.
La saca de la casa Y la empuja contra la puerta del ascensor.
Rebeca se queja por el dolor.
-Por cierto, yo soy Tania. Soy policía, así que mucho cuidado con lo que no es tuyo.

Tania cierra de un portazo.

lunes, 18 de mayo de 2015

Capítulo tres:

Capítulo tres:
                 
Marta camina más deprisa.
Siente que alguien la sigue desde que entró a uno de los callejones de Tetuán.
En unos segundos volverá a estar en una calle principal y esto solo será algo de lo que reírse más tarde.
Escucha unos pasos cada vez más rápidos a su espalda.
-Muy bien, ahí tienes.- Alguien se cruza en su camino saliendo de detrás de un contenedor y la empotra contra la pared.
Quien la seguía coge la bolsa y se la lleva corriendo.
El enmascarado de delante de ella la coge del cuello.
-Relájate, bonita, vamos.
Él cierra un poco más el puño.
Ella se queda unos segundos sin aire, luego se desmaya.

Martina  y Juan ven una película en el sofá.
-¡Increíble! Podría ver mil veces ésta parte y no me canso.
Martina se esfuerza por bostezar.
-Pues a mí me cansa ver siempre lo mismo.
-Vaya, llevo un mes buscando un por qué a todo, y parece que es eso que dices que te pasa con las películas lo que te ocurre con los hombres.
Martina se levanta del sofá.
-Mira, Jorge, no voy a soportarte más.
Juan también se levanta, y le da una bofetada.
Martina se queda quieta, con la mano cubriéndose la mejilla.
Él se aleja por el salón y se gira de nuevo.
Se echa la mano a la frente temblando.
-Juan… Me llamo Juan, no Jorge… ¿tan fácil es olvidarlo?- Solloza Juan.
Entonces, rompe a llorar desconsoladamente.
Y Martina también.

Hay momentos en los que todo se quiebra. En los que parece que caemos por un precipicio que parece no tener fin. En los que tratamos de salir a la superficie a tomar un poco de aire, desde cuatro mil metros por debajo del nivel del mar. Hay momentos en la vida en los que todo, absolutamente todo se rompe en mil fragmentos, cientos de cristales rotos por el suelo, y dolor. Hay momentos en los que te entran ganas de desaparecer. En aquellos instantes, Martina se dio cuenta. Hay momentos en la vida en los que se te quiebra el alma. Ves a la persona a la que un día amaste llorando por el daño que tú mismo le has hecho, ves al hombre perfecto para ti perdiendo los papeles porque se le hace demasiado difícil echarte de su casa porque te arruinaría la vida, sin importarle que mucho antes de eso se la arruinaste tú.
Martina se da cuenta en ésos instantes de que ha perdido. Que ha arriesgado su yate por una canoa. Y ha perdido los dos. A Martina nunca se le dio bien apostar, y ahora sabe que cometió un error enorme. Un error demasiado tarde de arreglar, y sabe que es demasiado tarde para disculpas.

Martina abraza por la espalda a Juan. Él se da la vuelta, apoya la cabeza en su hombro y llora. Martina le acaricia la espalda, y él tiembla. A los pocos segundos le agarra de la mano, y lo sienta a su lado en el sofá. Alcanza el mando y apaga el televisor.
-Me voy a ir.
-¿Qué?- Solloza Juan.
-… Lo siento, Juan. Esto no puede seguir así. Sé… sé que te he fallado, sé que te he hecho daño, y no te puedo pedir que me perdones. Tengo… tengo un dinero ahorrado y me voy. Voy a recoger mis cosas porque me voy, porque si me quedo más se me va a caer la cara de la vergüenza de haber arruinado así nuestras vidas.

Alexia la cagó muchísimo haciendo ésa pintada al coche de sus tíos. ¡Pero qué iba a saber ella que era el de Juan! Tuvo suerte de que nadie sospechara de ella. Cuando llegaron aquel lunes por la tarde del instituto los dos empezaron a discutir, Martina trataba de explicarle a Juan la historia. Un par de objetos volaron por los aires. Martina estrelló un vaso. Y Alexia volvió a su casa. Así, tal cual, a la otra punta de Madrid. No volvió a ver a Cris ni a Eme. Y la pasta que se sacó del trabajito de los padres de Cris que nunca tuvo intención de hacer le sirvió para un par de caprichos, como el pearcing del centro del labio inferior que lleva ahora.
Ahora tiene una entrevista de trabajo. Una librería que quiere renovar el personal. Abre la puerta de la cafetería Vivaldi. Camina hasta la barra y espera unos segundos a que la atienda el camarero.
Contempla una foto de la pared.
El chico que murió en el accidente de buses.
Ahí están Aator y Maia y todos los camareros.
Todo el mundo en Madrid conoce su historia de amor. Él escribía canciones y cantaba en el metro. Todos se han cruzado con aquel peculiar chico. Desde que no está, las estaciones se sienten vacías, su música les alegraba a todos.
-Buenas.
-Sí, hola. He venido por una entrevista de trabajo. ¿La señora Cecilia?

-Sí, la señora del final de la barra.

jueves, 14 de mayo de 2015

Capítulo dos:*editado

Capítulo dos:
                 
-¡Maialen, Ainara, recoged vuestro cuarto antes de iros a ningún lado!- Grita Sabina, la madre de las gemelas desde la puerta de la habitación de sus dos hijas.
-No te preocupes, mamá. ¿Está papá durmiendo, o puedo poner la música alta?- Dice Ainara, saliendo del armario con un montón más de ropa entre los brazos y dejándola encima de la cama inferior de la litera.
-Ponla, papá está trabajando hoy. Pero no demasiado alta, que me duele la cabeza.- Su madre se aleja sonriente, sabe que si es Ainara la que está desordenando las cosas lo dejará todo ordenado antes de irse.
Ainara enciende el portátil y lo deja sobre el escritorio. Entra en YouTube  y pulsa el play. Al cabo de medio minuto aproximadamente empieza a sonar La promesa, de Melendi. Fue Judith quien le enseñó ésa canción hace menos de una semana, y desde entonces no puede parar de escucharla. La canción no le recuerda a nadie en particular. Hace tiempo que no está con Marcos.
 -Ésta canción me pone mal.- Se queja Maia, terminando de ponerse el vestido negro.
-Creía que te gustaba Melendi.                                                  
-Y me gusta. Pero ésta canción… no estoy en la situación idónea para escucharla.- Los ojos de Maia se enrojecen, recordando a Aator.
                                                                                          
David, el padre de Cris lleva a su hija en coche a la bolera. Desde que sabe lo del cáncer –y más aún desde sabe que es lesbiana-, se ha formado un muro invisible que les separa más que nunca. Y eso que todavía no se ha ido. David pega un frenazo en el momento en que lo piensa y pita al coche que se le ha travesado.
El otro conductor le saca el dedo y sigue en dirección contraria.
-Menudos reflejos tienes.- Comenta Cris desde el asiento del copiloto.
-Bueno, la verdad no es para tanto.
Y vuelta al silencio incómodo.
En el siguiente semáforo, a la derecha.
-¿Tanto os preocupa que la vea incluso ahora que me estoy muriendo?
En la radio suena Vuelve, de Andrés Suárez.
-No creas que te estoy acompañando para que no veas a Eme.
-¿Ah, no? Teniendo en cuenta que desde que sabéis lo que soy no me dejáis salir sola a ningún sitio.
Otro silencio incómodo hasta la puerta de la bolera.
-A las nueve paso a buscarte.
Cris resopla y se baja del coche pegando un portazo.

Está Judith y Joaquín sentados en una de las mesas de la bolera, tomándose unos refrescos.
El chico la mira y le sonríe.
Ella da un sorbo más a través de la pajita.
-¿Qué miras?- Le pregunta.
-Estás preciosa.
La chica le sonríe.
-¿Y eso a qué viene?
-No lo sé, es sólo que por un momento me he sentido agraciado por tenerte.
En ése momento las puertas de la bolera se abren y aparece Cris. Se detiene unos segundos a abrazar a una chica de pelo corto, y se acerca con ella a la mesa donde están ellos, ocupando las dos sillas libres.
-Judith, Joaquín, ésta es Eme.
Judith mira a Eme ilusionada.
-Ay, qué guapa. ¡Yo soy Judith!
Cuando Monicuernos destapó su relación con Eme la ayudó a comenzar a hablar ella misma sobre Eme con sus compañeros. Cris le ha hablado muchísimo sobre ella a Judith sobretodo.
-Judith, Cris también me ha hablado de ti. ¡Eres guay, y tienes buen gusto musical!
-No jodas que a ti también te gusta Melendi.
-Soy más de Extremoduro, pero tiene una ironía en sus canciones muy buena.
-¡Ya le has dicho bastante! Le caes bien para los restos.- Ríe Cris.
Ainara y Maia son las siguientes en entrar a la bolera.
A Maia nunca se le ve el pelo después de clase, no sale con nadie.
Las chicas se sorprenden al verla.
Las gemelas cogen dos sillas libres de otra mesa y se unen a las dos parejas.

El móvil de Marcos vuelve a sonar.
Otro mensaje de Mónica.
Y mira que él quiere pasar página de toda ésa historia.
Ahora que Monicuernos no le putea, el chico está dispuesto a mantener al bebé, sí, pero de ahí a volver con Mónica hay un paso muy grande. Además, aún no sabe si es suyo, sólo por boca de Mónica. Necesita pruebas.
¿Podemos vernos?
El chico cierra su conversación y le escribe a Tania, que se fue hace rato a trabajar.

Nueva misión, agente. ¿Noche de pelis en mi casa?

martes, 5 de mayo de 2015

Capítulo uno: *editado.

Capítulo uno:
                 
Lidia coge la botella de agua de encima de la encimera, coge la pastilla y se la traga seguida de un largo trago de agua.
Desde lo de Gael, las necesita a cada rato.
Su familia aún se está reponiendo del gran golpe, y eso que no saben ni la mitad que ella sobre lo que ocurrió allí dentro.

-¿Estás bien?- Le pregunta Lidia, arrastrándose hasta donde Mónica ha caído, impulsada por la patada que Gael le ha dado.
Mónica no dice nada, gruñe tocándose el vientre.
Gael vuelve a abrir la puerta, tiene el arma y las apunta directamente.
-Ésta mierda no tiene balas. ¡No tiene balas, gilipollas! Eso es lo que sois, unas gilipollas.
En ése momento aparece Raúl por detrás.
Lidia toma aire desde el suelo.
Mónica sigue gruñendo.

Lidia intenta relajarse. Piensa en el mar. El corazón le va a mil, y tiene la visión borrosa por las lágrimas.

Ésa tarde trae buenas noticias a una familia que las necesitaba pronto.
Omar despierta en su habitación ante la mirada feliz de Margarita, su madre.
-¡Un médico!- Exclama feliz ya en la puerta de la habitación.
Y Margarita llora de alegría cuando entra Benjamín.

Alba pasea por el parque a Puffy. Desde el susto de hace unas semanas no ha vuelto a hacerlo hasta hoy.
El perro corre feliz detrás de una pelota que Alba le lanza sentada en un banco.
En ése momento, aparece él montando en su tabla de skate.
La melena rubia se mueve al viento debajo del gorro hongo que lleva.
Pasa en una milésima de segundo por delante de ella y se para unos metros más adelante, junto a una chica que está sentada en el césped.
Él abandona su tabla y se sienta a su lado, saludándola con un beso en la boca.
Alba niega con la cabeza.
El amor está en todos lados, y eso que aún queda para San Valentín.
-Vamos, Puffy.
Y Puffy le trae la pelota una vez más.

Desde que lo ha visto llegar su pulso se ha acelerado.
Ella lo esperaba sentada en el césped de ése mismo parque, creyendo que volvería a dejarla tirada. Se había prometido que si eso ocurría, no volvería a quedar con él en la vida.
Llegas tarde, le quiere reprochar Judith.
Pero él la calma sentándose a su lado y plantándole un beso en los labios.
-¿Y éste beso?- Le pregunta.
-No sé, eres mi piba.
Judith sonríe.
-Vamos, Joaquín, ¿a cuántas les has dicho esto?
Joaquín pega su cara a la de ella.
Las puntas de sus narices se tocan, él niega con la cabeza sonriente.
-Sabes que solo eres tú, reina.
-Ya,… Bueno… ¿y si sólo soy yo por qué siempre llegas tarde o me dejas tirada?
-¿No pensarás que…?
-¿Qué? ¿que me estás poniendo los cuernos? Con tu historial no sería la primera vez.
-Judith, va, enserio. Nunca te los he puesto y nunca te los pondría.
-Ya. ¿Y dónde estás cuando no estás conmigo?
-En mi casa… en la casa de mis colegas, no sé, por ahí.        Pero nunca te he sido infiel, imbécil.
Judith sonríe y lo besa, ignorando la sorpresa que le depara el destino para ésa misma noche.

Eme mira las últimas fotos que tiene con Cris de anoche en su teléfono móvil.
Cris detrás de ella, las dos desnudas frente al espejo del baño, besándose.
Se muerde el labio y mira la siguiente.
Menudas risas anoche, cuando se iban a duchar juntas y a Eme se le ocurrió proponerle hacer una sesión fotográfica porno y luego borrarla.
En ésta el móvil estaba apoyado en el lavabo. Se las ve a ella mordiéndole el labio inferior a Cris, y agarrándola del culo.
Sonríe pícara.
En ése momento suena el timbre.
Se levanta del sofá.
Seguro que al gilipollas de Hugo se le han olvidado otra vez las llaves.

Ella espera al otro lado de la puerta cargada con dos maletas y un macuto. El taxi la ha dejado hace unos segundos donde Hugo le ha indicado.
Una chica de pelo corto le abre la puerta y se sorprende al verla.
-Hola, yo soy Alma, la nueva. Tú debes de ser Eme.
Eme enarca una ceja.
-Sí, espera… ¿cómo que la nueva?
-Sí, he estado hablando con tu hermano Hugo y me ha alquilado una habitación.

-Qué tío, y no me dice nada. Pasa anda.

Prólogo:

Prólogo:
                 
Querido Aator:
         Hace ya un mes desde aquel fatídico día, y como no podía ser de otra manera, estoy aquí, delante del ordenador, sin saber ni siquiera qué contarte que no te haya dicho ya en las otras veintinueve cartas. ¿Quieres saber algo nuevo? Marta me ha contado que Mikel estuvo aquí con la zorra de Emily, y se enrolló con ella. Rompí el contacto con él, y obligué a Ainara a hacer lo mismo. Ése cabrón no volverá a saber de mí en su puta vida. Y ya, dejo de hablarte de él, no te pongas celoso, tonto. Te estoy echando demasiado de menos. Cada día se me hace un nuevo muro que saltar, y cada día ése puto muro está más alto. Qué pena que nunca me caiga de bruces desde arriba y me abra los sesos contra el asfalto. Así al menos esta locura acabaría. Como acabó nuestro amor de locos. Y no lo llamemos locura, llamémoslo tiempo, o lo que es lo mismo, suicidio. Vivo en un cuenta atrás constante hasta el día en el que los minutos se me agoten y no quepa más aire en mis pulmones y salte al tremendo vacío que es la muerte. ¿Y qué vida es ésta si tú no formas parte de ella? Y qué tortura que tú no formes parte. Convirtiendo mis días en segundos, segundos me parecen los días  que pasé a tu lado, mi vida. Cris y yo también estamos bastante unidas, y no somos las únicas. Además de Ainara, Judith también forma parte de nuestro grupo, aunque ya no estudia con nosotras. A ella es quizás a quien más unida estoy. Ella también vive en un torbellino de tiempo. El chico del que lleva años enamorada se muere día a día tumbado en una cama de hospital, y ella ni siquiera puede ir a verle. Entre nosotras dos, ni siquiera existen secretos. Me contó hace un par de días que a principios de curso se estuvo viendo con uno de los profesores del instituto. Y no sólo eso, que tuvo relaciones con él. Luego él la dejó tirada, y ahora el único obstáculo que la separa de Martina es el director. Martina no sabe nada de esto. Judith sabe que soy una tumba, y nunca mejor dicho por lo muerta que me siento. Cris ahora mismo está más feliz que nunca, y yo me alegro por ella. Es la única de nosotros que tiene algo bueno que celebrar; está con una chica. Y cada día las dos se quieren más. Ainara y Marcos no se hablan. Por los pasillos del instituto ya ni se saludan, y él parece haber perdido el interés en ella, y de repente siento que se está comenzando a interesar en mí. Lo que me preocupa es que no sé si es a raíz de tu muerte, a raíz de que sea la hermana de Ainara, o porque está confundiendo lo que tenemos, que no es más que una amistad. Ha pasado un mes desde que te fuiste, y no estoy preparada para empezar, no puedo seguir, ni quiero.

-Pasa.
Ainara abre la puerta de la habitación y entra.
-¿Y ésa cara?- Le pregunta en cuanto la ve.
Maia traga saliva.
-Estaba un rato escribiendo aquí.
Ainara se acerca al escritorio y lee las primeras líneas rápidamente.
-Deberías de dejarlo ya, Maia. Dejar de torturarte día sí y día también.
Maia cierra el portátil.
-Tú no lo entiendes. ¿Qué has venido a decirme?
-Sé que no te apetece salir, pero Cris quiere vernos.
Maia  niega con la cabeza.
-Tienes razón, no me apetece.
-Dice que tiene algo importante que contarnos. Y quiere que estemos todas, así que vístete, que hoy es sábado, ¿y quién eres tú sin salir un sábado?
-Ainara, no me apetece. Llevo cuatro sábados sin salir, y no me apetece, lo siento.
-No seas cabezota. Vístete.
Maia suspira y comienza a buscar lo que se va a poner en el armario.
Ainara sonríe.
 Ésta vez ha sido fácil convencerla.

Cris mira las fotos de ésa noche en la galería de su teléfono.
Cuántas vueltas dio todo antes de que Ana y Alexia desaparecieran.
Y desde entonces, su relación va viento en popa.
Lo complicado ha sido ocultárselo durante éste mes, pero más difícil será para ella coger a sus amigas y a Eme y decirles chicas, tengo cáncer. Porque sí, al lunes siguiente a Cris le dieron los resultados. Y sus temores se hicieron realidad.

Marcos mira a la chica del otro lado de la mesa.
Están en la cafetería Vivaldi.
Tania y él, tomándose unos refrescos.
Llevan tres semanas y pico quedando día sí y día también, y le está ayudando mucho para superar lo de Ainara, y también en parte lo de Mónica. Dos desamores en cuestión de días. Ahora se anda con pies de plomo. Tania, la agente es una tía tres años mayor que él con la que comparte los mismos gustos.
-Me acuerdo perfectamente de cuando quedamos la primera vez. Estabas nerviosísimo.
Marcos se sonroja y ríe.
-Normal, es la primera vez que una policía me llama a mi número de teléfono de madrugada con ganas de verme.
-Fue una locura, tienes razón. Pero es que no podía dejarte escapar.
-Oh, qué bonito.- Se cachondea él.
-Eres imbécil.- Se ríe ella.

Ha pasado un mes ya y su madre aún está enfadada con ella. La cosa al cabo de un par de semanas pareció calmarse, pero a su madre nunca se le va a olvidar ver cómo se llevan detenida a su hija. Aquel lunes no fue a clase. Tampoco el martes. Y a partir de esa semana, se dejó los estudios. Lo que a su madre no le hizo ninguna gracia, y desde entonces sí que se llevan como el perro y el gato. Lo que su madre nunca entenderá es que no lo hizo porque no quisiera estudiar, sino porque lo de Omar y Jorge la despistaron completamente. Judith le entregó su virginidad, ¿y para qué? Terminó ése fin de semana y ellos dejaron de verse. Él comenzó a evitarla, y ella a ansiar una explicación. Y la tuvo. Sólo me interesaba tener sexo contigo, Judith. Ya soy mayorcito para tener un lío así con una alumna.


Aquel lunes Marta tampoco llevó a cabo su plan. Meditó un poco, y era mucho más inteligente unirse a ellas, ser una más, integrarse para luego desintegrarlas a ellas. Monicuernos volvió a aparecer, pero ésa vez no era ella quien controlaba la cuenta. Se la habían robado. La misión que sí que llevó a cabo fue la pintada en el coche de Martina. Martina + Jorge = Emily. Alexia, la chica del metro la ayudó, y nadie nunca más volvió a sospechar de Marta. 

Hola lector:

En primer lugar, si has llegado hasta aquí quería darte las gracias por regalarme todo éste tiempo leyéndome, de verdad. Esto es muy importante para mí. Además, de que ésta especialmente es una historia que personalmente a mí me está tocando la patata. Me encantan los personajes que se están creando, y me encanta la trama que ellos mismos van haciendo. Pero necesito saber vuestra opinión, si os está gustando o no. Sería haceros perder un minuto en registraros en blogger y tal, pero dejando un comentario me haríais muy feliz, y aportando todos un granito de arena podemos hacer mucho. -es totalmente gratis, obviamente-. Si no podéis o no os apetece, podéis difundid por las redes sociales o vuestros amigos el link de la primera parte: posdatahistoria.blogspot.com . Y si no podéis y tampoco os apetece ésto, podéis seguir leyendo, porque en la siguiente entrada sigue la historia. Y si tampoco te apetece leer, pues chico, no sé qué haces aquí.