Capítulo
quince:
Judith
y Joaquín hace rato que hicieron las paces, se comieron a besos nada más verse
y Judith no tuvo que explicarle nada.
Él
ahora se ha salido fuera para responder al teléfono.
Judith
lo mira sentada en los escalones de su portón.
Joaquín
es tan atractivo.
Es
mucho más guapo que Omar.
Parece
un ángel, hablando por teléfono.
De
pronto Judith siente miedo.
¿Y
si es otra?
Joaquín
corta la llamada como leyéndole el pensamiento y ella se levanta para abrirle
la puerta.
-¿Hasta
qué hora te dejan tus padres hoy?
-No
me han dicho nada, así que ni idea, ¿por qué? ¿qué quieres hacer?
-Mi
prima Alma, ha vuelto a Madrid. Va a dar una fiesta en su apartamento ésta
noche con todos los colegas de antes y tal. ¿Vamos?
-Vamos.
Yo que soy un animal,
Que
no entiendo de nada,
Que
todo me sale mal,
Te
tuve cien días
Dentro
de mi cama,
No
te supe aprovechar.
Jorge
por primera vez en mucho tiempo llora.
Llora
como un crío, como un niño pequeño.
Ha
perdido el amor en la decimoquinta llamada perdida a su número.
Bebe
en el comedor de su casa.
Un
chupito de ron.
Y
se mete otra raya.
Ésta
noche no brinda con nadie.
Ando perdido,
Pensando
que estás sola
Y
pude haber sido tu abrigo,
Cuelgo
de un hilo,
Rebaño
las sobras que aún quedan de tu cariño.
Maia
cierra el portátil tras una lucha interna.
Ésta
noche no va a escribirle a Aator porque se muere de vergüenza.
Ha
quedado con su mejor amigo.
Y
le gusta.
Despacito
pero le gusta.
No
se han besado, pero se han cogido de la mano y ha sido bonito.
Yo que me quiero aliviar,
Escribiéndote
un tema,
Diciéndote
la verdad,
Cumplo
condena
Por
ése mal día
Haberte
dejado marchar.
A
Rebeca el sexo con su novio no le ha parecido tan bueno como otras veces.
Se
ha pasado el polvo pensando en Marcos, su vecino y en lo que le escribió con
pintalabios en el espejo.
Ésos calzoncillos te sientan de
muerte. Becca.
Y
menudo calentón más tonto haber visto así a su vecino.
Yo
pienso en aquella tarde,
Cuando
me arrepentí de todo,
Daría,
todo lo daría por estar contigo
Y
no sentirme solo.
Lidia y Mónica están felices.
Parece como si nada de lo del
último mes hubiese pasado.
Al llegar a la puerta de la
discoteca, un chico al que hace tiempo que no ve la saluda.
Tanto tiempo que ella ni siquiera
recuerda su nombre.
-¿Enserio no te acuerdas de mí,
Lorena?
Lidia se ríe.
-Te has confundido, tío.
Él le sonríe y ella sigue, compra
la entrada, saluda a los porteros y pasa con Mónica.
Pero el chico de la puerta sí que
la conoce.
A ti que te supo tan mal
Que
yo me encariñara
Con
ésa facilidad,
Y
me emborrachara los días
Que
tú no tenías que trabajar.
-¿Quién es la pava ésa a la que
has saludado, eh?- Se cachondea su amigo.
Él se ríe.
-Anda, Manu, tira eso ya que te
estás fumando hasta los dedos.
Y le da una colleja de broma.
No les va a decir que ésa chica
es prostituta, a pesar de que por lo que parece le mintió en el nombre.
Quiere saber de ella, y ésta
noche lo hará.
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