Capítulo
dos:
-¡Maialen,
Ainara, recoged vuestro cuarto antes de iros a ningún lado!- Grita Sabina, la
madre de las gemelas desde la puerta de la habitación de sus dos hijas.
-No
te preocupes, mamá. ¿Está papá durmiendo, o puedo poner la música alta?- Dice
Ainara, saliendo del armario con un montón más de ropa entre los brazos y
dejándola encima de la cama inferior de la litera.
-Ponla,
papá está trabajando hoy. Pero no demasiado alta, que me duele la cabeza.- Su
madre se aleja sonriente, sabe que si es Ainara la que está desordenando las
cosas lo dejará todo ordenado antes de irse.
Ainara enciende el portátil y lo
deja sobre el escritorio. Entra en YouTube
y pulsa el play. Al cabo de medio minuto
aproximadamente empieza a sonar La
promesa, de Melendi. Fue Judith quien le enseñó ésa canción hace menos de
una semana, y desde entonces no puede parar de escucharla. La canción no le
recuerda a nadie en particular. Hace tiempo que no está con Marcos.
-Ésta canción me pone mal.- Se queja Maia,
terminando de ponerse el vestido negro.
-Creía que te gustaba Melendi.
-Y me gusta. Pero ésta canción…
no estoy en la situación idónea para escucharla.- Los ojos de Maia se
enrojecen, recordando a Aator.
David, el padre de Cris lleva a
su hija en coche a la bolera. Desde que sabe lo del cáncer –y más aún desde
sabe que es lesbiana-, se ha formado un muro invisible que les separa más que
nunca. Y eso que todavía no se ha ido. David
pega un frenazo en el momento en que lo piensa y pita al coche que se le ha
travesado.
El otro conductor le saca el dedo
y sigue en dirección contraria.
-Menudos reflejos tienes.-
Comenta Cris desde el asiento del copiloto.
-Bueno, la verdad no es para
tanto.
Y vuelta al silencio incómodo.
En el siguiente semáforo, a la
derecha.
-¿Tanto os preocupa que la vea
incluso ahora que me estoy muriendo?
En la radio suena Vuelve, de Andrés Suárez.
-No creas que te estoy
acompañando para que no veas a Eme.
-¿Ah, no? Teniendo en cuenta que
desde que sabéis lo que soy no me dejáis salir sola a ningún sitio.
Otro silencio incómodo hasta la
puerta de la bolera.
-A las nueve paso a buscarte.
Cris resopla y se baja del coche
pegando un portazo.
Está Judith y Joaquín sentados en una de las mesas de la
bolera, tomándose unos refrescos.
El chico la mira y le sonríe.
Ella da un sorbo más a través de la pajita.
-¿Qué miras?- Le pregunta.
-Estás preciosa.
La chica le sonríe.
-¿Y eso a qué viene?
-No lo sé, es sólo que por un momento me he sentido
agraciado por tenerte.
En ése momento las puertas de la bolera se abren y aparece
Cris. Se detiene unos segundos a abrazar a una chica de pelo corto, y se acerca
con ella a la mesa donde están ellos, ocupando las dos sillas libres.
-Judith, Joaquín, ésta es Eme.
Judith mira a Eme ilusionada.
-Ay, qué guapa. ¡Yo soy Judith!
Cuando Monicuernos destapó su relación con Eme la ayudó a
comenzar a hablar ella misma sobre Eme con sus compañeros. Cris le ha hablado
muchísimo sobre ella a Judith sobretodo.
-Judith, Cris también me ha hablado de ti. ¡Eres guay, y
tienes buen gusto musical!
-No jodas que a ti también te gusta Melendi.
-Soy más de Extremoduro, pero tiene una ironía en sus canciones
muy buena.
-¡Ya le has dicho bastante! Le caes bien para los restos.-
Ríe Cris.
Ainara y Maia son las siguientes en entrar a la bolera.
A Maia nunca se le ve el pelo después de clase, no sale con
nadie.
Las chicas se sorprenden al verla.
Las gemelas cogen dos sillas libres de otra mesa y se unen a
las dos parejas.
El móvil de Marcos vuelve a sonar.
Otro mensaje de Mónica.
Y mira que él quiere pasar página de toda ésa historia.
Ahora que Monicuernos no le putea, el chico está dispuesto a
mantener al bebé, sí, pero de ahí a volver con Mónica hay un paso muy grande.
Además, aún no sabe si es suyo, sólo por boca de Mónica. Necesita pruebas.
¿Podemos vernos?
El chico cierra su conversación y le escribe a Tania, que se
fue hace rato a trabajar.
Nueva misión, agente. ¿Noche
de pelis en mi casa?
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