Capítulo
cuatro:
-Lo que voy a contaros, chicos, no
es fácil de decir. Y menos en público a
las personas más importantes de tu vida… Necesito que sepáis que os quiero, y
que no voy a olvidar éste mes con vosotros.
Maia traga saliva.
-¿Quiere decir eso que te mudas,
Cris?- Pregunta preocupada Judith.
-Esto… Esto quiere decir que los
médicos, las pruebas médicas dicen que tengo leucemia.
La mesa entera se queda en
silencio.
Maia es la primera en llorar, y
luego Judith. Ainara está en estado de shock. Eme agacha la cabeza, triste.
Ainara mira a Cris.
-Te pondrás bien, ya lo verás.
Pero como todas las malas noticias,
ésta tampoco viene sola. El problema ya no es la enfermedad de Judith, sino lo
que les cuenta a continuación.
-Lo peor, no es eso… Rechacé cualquier tratamiento porque eran
pocas las posibilidades de sobrevivir por lo avanzado que lo tenía. Tenía
pensado contároslo si empeoraba, pero primero tenía que asimilarlo yo.
-¿Quiere decir eso que ha
empeorado?- Pregunta Eme.
Cris hace una pausa antes de dar la
noticia.
-Ahora me han dado un máximo de dos
meses, tres como mucho de vida, y es demasiado tarde para intentar nada.
Alba
le manda un mensaje a Judith.
La chica lleva rato
sin conectarse.
Ya ni saludas, ¿eh?
Alba deja el móvil en la encimera
abre la nevera y bebe a morro del brick
de zumo.
A los pocos segundos, Judith lo lee y le
responde.
¿Cómo? Yo no te he
visto.
Alba resopla.
Ya, claro. Estás
todo el día con ésas zorras y con tu nuevo novio. Qué rápido se te pasa el luto
chica.
Judith no puede creerse lo que lee.
¿Luto?
Omar no está muerto, y que sea la última vez que hablas así de mis amigas.
¡JÁ! ¿Tus amigas?
¿Te ayudan tus
amigas a dejar
de ser una ballena?
Tienes razón, Alba. Tú haciéndome vomitar
era mucho más productivo.
Vete a la mierda,
Judith.
No, Alba, tú.
Suena
el timbre y Marcos se dirige al recibidor.
-¿Quién es?- Pregunta, aunque se
apostaría lo que fuera a que es Tania. Así que abre directamente, esperando
encontrarse a su chica. Pero ella aún no ha llegado, en su lugar se encuentra a
una chica de pelo rizado, largo y voluminoso con el pelo teñido en tonos cada
vez más rosados desde la coronilla a las puntas, parada frente a su puerta,
sonriente.
-Hola, ¿quién eres?- Le pregunta,
tímido. Ha salido a recibir a su chica en calzoncillos, y ante él está parada
una desconocida.
La chica primero le mira el paquete
sin disimulo y al cabo de unos segundos, tras morderse el labio inferior, le
mira directamente a los ojos.
-Me llamo Rebeca, vivo enfrente
tuyo desde ayer. Mi madre me ha pedido que venga a pedirte que le bajes el
volumen a la radio, que no escucha bien la televisión.
-¿Radio? No tengo la radio puesta.
La chica se riza un mechón con un
dedo y lo mira directamente a los ojos.
-Vamos, andando. Estoy escuchando
la música desde aquí.
Marcos le sonríe.
-Es el portátil, no la radio.
Rebeca se ríe.
-Muy ingenioso. Apágalo.
La chica espera en el recibidor,
mirándole fijamente el culo a Marcos mientras éste se aleja a su cuarto. Al
cabo de un segundo se mira en el espejo que hay junto a la puerta de cuerpo
entero. Tiene el pelo alborotado, acababa de levantarse y ni siquiera se ha
peinado. Se saca la barra de pintalabios del filo de las bragas. Sonríe pícara.
Marcos le baja el volumen al portátil.
-Ay, mierda, qué desastre soy. Todo
tirado por aquí en medio.
Recoge algo del suelo en su cuarto y sale
cuando Rebeca ya ha terminado de escribir en el espejo, en la esquina inferior
derecha.
Ding,
dong.
Rebeca abre la puerta sin preguntar
siquiera. Y ante ella aparece una muchacha con una rosa, que se la tiende sonriente. La situación es demasiado cómica y a Rebeca
se le escapa una sonora carcajada.
-¿Quién eres tú?- Pregunta la
chica, avergonzada y enfadada.
-¿Y tú? ¿Vas vendiendo rosas de
casa en casa?
-Esto… Rebeca ya se iba, ¿verdad?-
Dice Marcos, saliendo de detrás de la chica en calzoncillos aún.
-Soy la novia de Marcos. No soy ni
de las que invitan a chicos a su casa mientras está en ropa interior, ni de las
que entran a la casa de un chico que está en calzoncillos, y menos si ni lo
conozco.
Tania también es buena
respondiendo, sabe cómo atacar.
-Te creo, aunque la gente comenta
algo distinto. Soy la vecina de enfrente de tu chico, he venido a que bajase la
música. Nada de ponerse celosa, que aún no lo he visto desnudo.
Tania la agarra del brazo y se lo
tuerce detrás de la espalda, empujándola.
La saca de la casa Y la empuja
contra la puerta del ascensor.
Rebeca se queja por el dolor.
-Por cierto, yo soy Tania. Soy policía,
así que mucho cuidado con lo que no es tuyo.
Tania cierra de un portazo.
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