martes, 19 de mayo de 2015

Capítulo cuatro:

Capítulo cuatro:
                 
-Lo que voy a contaros, chicos, no es fácil de decir.  Y menos en público a las personas más importantes de tu vida… Necesito que sepáis que os quiero, y que no voy a olvidar éste mes con vosotros.
Maia traga saliva.
-¿Quiere decir eso que te mudas, Cris?- Pregunta preocupada Judith.
-Esto… Esto quiere decir que los médicos, las pruebas médicas dicen que tengo leucemia.
La mesa entera se queda en silencio.
Maia es la primera en llorar, y luego Judith. Ainara está en estado de shock. Eme agacha la cabeza, triste.
Ainara mira a Cris.
-Te pondrás bien, ya lo verás.
Pero como todas las malas noticias, ésta tampoco viene sola. El problema ya no es la enfermedad de Judith, sino lo que les cuenta a continuación.
-Lo peor, no es eso…  Rechacé cualquier tratamiento porque eran pocas las posibilidades de sobrevivir por lo avanzado que lo tenía. Tenía pensado contároslo si empeoraba, pero primero tenía que asimilarlo yo.
-¿Quiere decir eso que ha empeorado?- Pregunta Eme.
Cris hace una pausa antes de dar la noticia.
-Ahora me han dado un máximo de dos meses, tres como mucho de vida, y es demasiado tarde para intentar nada.

Alba le manda un mensaje a Judith.
La chica lleva rato sin conectarse.
Ya ni saludas, ¿eh?
Alba deja el móvil en la encimera abre la nevera y bebe a morro del brick de zumo.
A los pocos segundos, Judith lo lee y le responde.
¿Cómo? Yo no te he visto.
Alba resopla.
Ya, claro. Estás todo el día con ésas zorras y con tu nuevo novio. Qué rápido se te pasa el luto chica.
Judith no puede creerse lo que lee.
                                               ¿Luto? Omar no está muerto, y que sea la última vez que                                                   hablas así de mis amigas.

¡JÁ! ¿Tus amigas?
¿Te ayudan tus amigas a dejar
 de ser una ballena?

                                               Tienes razón, Alba. Tú haciéndome vomitar era mucho                                                      más productivo.

Vete a la mierda, Judith.

                                               No, Alba, tú.


Suena el timbre y Marcos se dirige al recibidor.
-¿Quién es?- Pregunta, aunque se apostaría lo que fuera a que es Tania. Así que abre directamente, esperando encontrarse a su chica. Pero ella aún no ha llegado, en su lugar se encuentra a una chica de pelo rizado, largo y voluminoso con el pelo teñido en tonos cada vez más rosados desde la coronilla a las puntas, parada frente a su puerta, sonriente.
-Hola, ¿quién eres?- Le pregunta, tímido. Ha salido a recibir a su chica en calzoncillos, y ante él está parada una desconocida.
La chica primero le mira el paquete sin disimulo y al cabo de unos segundos, tras morderse el labio inferior, le mira directamente a los ojos.
-Me llamo Rebeca, vivo enfrente tuyo desde ayer. Mi madre me ha pedido que venga a pedirte que le bajes el volumen a la radio, que no escucha bien la televisión.
-¿Radio? No tengo la radio puesta.
La chica se riza un mechón con un dedo y lo mira directamente a los ojos.
-Vamos, andando. Estoy escuchando la música desde aquí.
Marcos le sonríe.
-Es el portátil, no la radio.
Rebeca se ríe.
-Muy ingenioso. Apágalo.
La chica espera en el recibidor, mirándole fijamente el culo a Marcos mientras éste se aleja a su cuarto. Al cabo de un segundo se mira en el espejo que hay junto a la puerta de cuerpo entero. Tiene el pelo alborotado, acababa de levantarse y ni siquiera se ha peinado. Se saca la barra de pintalabios del filo de las bragas. Sonríe pícara. Marcos le baja el volumen al portátil.
-Ay, mierda, qué desastre soy. Todo tirado por aquí en medio.
 Recoge algo del suelo en su cuarto y sale cuando Rebeca ya ha terminado de escribir en el espejo, en la esquina inferior derecha.
Ding, dong.
Rebeca abre la puerta sin preguntar siquiera. Y ante ella aparece una muchacha con una rosa, que se la tiende sonriente.  La situación es demasiado cómica y a Rebeca se le escapa una sonora carcajada.
-¿Quién eres tú?- Pregunta la chica, avergonzada y enfadada.
-¿Y tú? ¿Vas vendiendo rosas de casa en casa?
-Esto… Rebeca ya se iba, ¿verdad?- Dice Marcos, saliendo de detrás de la chica en calzoncillos aún.
-Soy la novia de Marcos. No soy ni de las que invitan a chicos a su casa mientras está en ropa interior, ni de las que entran a la casa de un chico que está en calzoncillos, y menos si ni lo conozco.
Tania también es buena respondiendo, sabe cómo atacar.
-Te creo, aunque la gente comenta algo distinto. Soy la vecina de enfrente de tu chico, he venido a que bajase la música. Nada de ponerse celosa, que aún no lo he visto desnudo.
Tania la agarra del brazo y se lo tuerce detrás de la espalda, empujándola.
La saca de la casa Y la empuja contra la puerta del ascensor.
Rebeca se queja por el dolor.
-Por cierto, yo soy Tania. Soy policía, así que mucho cuidado con lo que no es tuyo.

Tania cierra de un portazo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario