martes, 5 de mayo de 2015

Capítulo uno: *editado.

Capítulo uno:
                 
Lidia coge la botella de agua de encima de la encimera, coge la pastilla y se la traga seguida de un largo trago de agua.
Desde lo de Gael, las necesita a cada rato.
Su familia aún se está reponiendo del gran golpe, y eso que no saben ni la mitad que ella sobre lo que ocurrió allí dentro.

-¿Estás bien?- Le pregunta Lidia, arrastrándose hasta donde Mónica ha caído, impulsada por la patada que Gael le ha dado.
Mónica no dice nada, gruñe tocándose el vientre.
Gael vuelve a abrir la puerta, tiene el arma y las apunta directamente.
-Ésta mierda no tiene balas. ¡No tiene balas, gilipollas! Eso es lo que sois, unas gilipollas.
En ése momento aparece Raúl por detrás.
Lidia toma aire desde el suelo.
Mónica sigue gruñendo.

Lidia intenta relajarse. Piensa en el mar. El corazón le va a mil, y tiene la visión borrosa por las lágrimas.

Ésa tarde trae buenas noticias a una familia que las necesitaba pronto.
Omar despierta en su habitación ante la mirada feliz de Margarita, su madre.
-¡Un médico!- Exclama feliz ya en la puerta de la habitación.
Y Margarita llora de alegría cuando entra Benjamín.

Alba pasea por el parque a Puffy. Desde el susto de hace unas semanas no ha vuelto a hacerlo hasta hoy.
El perro corre feliz detrás de una pelota que Alba le lanza sentada en un banco.
En ése momento, aparece él montando en su tabla de skate.
La melena rubia se mueve al viento debajo del gorro hongo que lleva.
Pasa en una milésima de segundo por delante de ella y se para unos metros más adelante, junto a una chica que está sentada en el césped.
Él abandona su tabla y se sienta a su lado, saludándola con un beso en la boca.
Alba niega con la cabeza.
El amor está en todos lados, y eso que aún queda para San Valentín.
-Vamos, Puffy.
Y Puffy le trae la pelota una vez más.

Desde que lo ha visto llegar su pulso se ha acelerado.
Ella lo esperaba sentada en el césped de ése mismo parque, creyendo que volvería a dejarla tirada. Se había prometido que si eso ocurría, no volvería a quedar con él en la vida.
Llegas tarde, le quiere reprochar Judith.
Pero él la calma sentándose a su lado y plantándole un beso en los labios.
-¿Y éste beso?- Le pregunta.
-No sé, eres mi piba.
Judith sonríe.
-Vamos, Joaquín, ¿a cuántas les has dicho esto?
Joaquín pega su cara a la de ella.
Las puntas de sus narices se tocan, él niega con la cabeza sonriente.
-Sabes que solo eres tú, reina.
-Ya,… Bueno… ¿y si sólo soy yo por qué siempre llegas tarde o me dejas tirada?
-¿No pensarás que…?
-¿Qué? ¿que me estás poniendo los cuernos? Con tu historial no sería la primera vez.
-Judith, va, enserio. Nunca te los he puesto y nunca te los pondría.
-Ya. ¿Y dónde estás cuando no estás conmigo?
-En mi casa… en la casa de mis colegas, no sé, por ahí.        Pero nunca te he sido infiel, imbécil.
Judith sonríe y lo besa, ignorando la sorpresa que le depara el destino para ésa misma noche.

Eme mira las últimas fotos que tiene con Cris de anoche en su teléfono móvil.
Cris detrás de ella, las dos desnudas frente al espejo del baño, besándose.
Se muerde el labio y mira la siguiente.
Menudas risas anoche, cuando se iban a duchar juntas y a Eme se le ocurrió proponerle hacer una sesión fotográfica porno y luego borrarla.
En ésta el móvil estaba apoyado en el lavabo. Se las ve a ella mordiéndole el labio inferior a Cris, y agarrándola del culo.
Sonríe pícara.
En ése momento suena el timbre.
Se levanta del sofá.
Seguro que al gilipollas de Hugo se le han olvidado otra vez las llaves.

Ella espera al otro lado de la puerta cargada con dos maletas y un macuto. El taxi la ha dejado hace unos segundos donde Hugo le ha indicado.
Una chica de pelo corto le abre la puerta y se sorprende al verla.
-Hola, yo soy Alma, la nueva. Tú debes de ser Eme.
Eme enarca una ceja.
-Sí, espera… ¿cómo que la nueva?
-Sí, he estado hablando con tu hermano Hugo y me ha alquilado una habitación.

-Qué tío, y no me dice nada. Pasa anda.

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