Capítulo
uno:
Lidia
coge la botella de agua de encima de la encimera, coge la pastilla y se la
traga seguida de un largo trago de agua.
Desde
lo de Gael, las necesita a cada rato.
Su
familia aún se está reponiendo del gran golpe, y eso que no saben ni la mitad
que ella sobre lo que ocurrió allí dentro.
-¿Estás bien?- Le pregunta Lidia,
arrastrándose hasta donde Mónica ha caído, impulsada por la patada que Gael le
ha dado.
Mónica no dice nada, gruñe
tocándose el vientre.
Gael vuelve a abrir la puerta,
tiene el arma y las apunta directamente.
-Ésta mierda no tiene balas. ¡No
tiene balas, gilipollas! Eso es lo que sois, unas gilipollas.
En ése momento aparece Raúl por
detrás.
Lidia toma aire desde el suelo.
Mónica sigue gruñendo.
Lidia
intenta relajarse. Piensa en el mar. El corazón le va a mil, y tiene la visión
borrosa por las lágrimas.
Ésa
tarde trae buenas noticias a una familia que las necesitaba pronto.
Omar
despierta en su habitación ante la mirada feliz de Margarita, su madre.
-¡Un
médico!- Exclama feliz ya en la puerta de la habitación.
Y
Margarita llora de alegría cuando entra Benjamín.
Alba
pasea por el parque a Puffy. Desde el
susto de hace unas semanas no ha vuelto a hacerlo hasta hoy.
El
perro corre feliz detrás de una pelota que Alba le lanza sentada en un banco.
En
ése momento, aparece él montando en su tabla de skate.
La
melena rubia se mueve al viento debajo del gorro hongo que lleva.
Pasa
en una milésima de segundo por delante de ella y se para unos metros más
adelante, junto a una chica que está sentada en el césped.
Él
abandona su tabla y se sienta a su lado, saludándola con un beso en la boca.
Alba
niega con la cabeza.
El amor está en todos lados, y
eso que aún queda para San Valentín.
-Vamos,
Puffy.
Y
Puffy le trae la pelota una vez más.
Desde
que lo ha visto llegar su pulso se ha acelerado.
Ella
lo esperaba sentada en el césped de ése mismo parque, creyendo que volvería a
dejarla tirada. Se había prometido que si eso ocurría, no volvería a quedar con
él en la vida.
Llegas tarde, le quiere reprochar Judith.
Pero
él la calma sentándose a su lado y plantándole un beso en los labios.
-¿Y
éste beso?- Le pregunta.
-No
sé, eres mi piba.
Judith
sonríe.
-Vamos,
Joaquín, ¿a cuántas les has dicho esto?
Joaquín
pega su cara a la de ella.
Las
puntas de sus narices se tocan, él niega con la cabeza sonriente.
-Sabes
que solo eres tú, reina.
-Ya,…
Bueno… ¿y si sólo soy yo por qué siempre llegas tarde o me dejas tirada?
-¿No
pensarás que…?
-¿Qué?
¿que me estás poniendo los cuernos? Con tu historial no sería la primera vez.
-Judith,
va, enserio. Nunca te los he puesto y nunca te los pondría.
-Ya.
¿Y dónde estás cuando no estás conmigo?
-En
mi casa… en la casa de mis colegas, no sé, por ahí. Pero nunca te he sido infiel, imbécil.
Judith
sonríe y lo besa, ignorando la sorpresa que le depara el destino para ésa misma
noche.
Eme
mira las últimas fotos que tiene con Cris de anoche en su teléfono móvil.
Cris
detrás de ella, las dos desnudas frente al espejo del baño, besándose.
Se
muerde el labio y mira la siguiente.
Menudas risas anoche, cuando se
iban a duchar juntas y a Eme se le ocurrió proponerle hacer una sesión
fotográfica porno y luego borrarla.
En
ésta el móvil estaba apoyado en el lavabo. Se las ve a ella mordiéndole el
labio inferior a Cris, y agarrándola del culo.
Sonríe
pícara.
En
ése momento suena el timbre.
Se
levanta del sofá.
Seguro que al gilipollas de Hugo se
le han olvidado otra vez las llaves.
Ella
espera al otro lado de la puerta cargada con dos maletas y un macuto. El taxi la
ha dejado hace unos segundos donde Hugo le ha indicado.
Una
chica de pelo corto le abre la puerta y se sorprende al verla.
-Hola,
yo soy Alma, la nueva. Tú debes de ser Eme.
Eme
enarca una ceja.
-Sí,
espera… ¿cómo que la nueva?
-Sí,
he estado hablando con tu hermano Hugo y me ha alquilado una habitación.
-Qué
tío, y no me dice nada. Pasa anda.
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